sábado, 25 de abril de 2009
No me gusta comparar peeeero…


O “No me hagan esto sin anestesia II”

Aclaración importante previa a la lectura del post: me encanta Manuel José Chávez. Fueron muchas las horas de mi pre adolescencia las que pasé frente al televisor viendo “De Pies a Cabeza” y suspirando por Pablito. Se puede decir que lo vi crecer en la pantalla, entre De Pies a Cabeza, Francisco el Matemático y Soñar no Cuesta Nada, Pablito se convirtió en un soldado barbado y seriesote (rafff). Y aunque estoy consciente de que el niño que jugaba fútbol hace más de 15 años era mucho más lindo que el adulto que besa hombres (¿?) hoy en día, Manuel José Chávez siempre estará en mi reducida lista de amores platónicos, e inevitablemente seguiré derritiéndome cada vez que lo vea en televisión, en cine o (gulp) en persona. Una vez aclarado esto, comienzo mi post.

Cuando era novia de Juan él viajaba a Bogotá por lo menos una vez al semestre para visitarme. En una de esas visitas, hace 2 o 3 años, fuimos a tomarnos un café en el Juan Valdez de la T, estando en la fila Juan me preguntó qué iba a pedir, a lo que yo respondí: “un Manuel José Chávez para llevar, por favor”… acababa de ver a Pablito pagando en la caja, a pocos metros de nosotros.

Obviamente me pasé todo el tiempo mirando hacia su mesa, y bueno, ustedes deben saber que mi capacidad de disimulo en estos casos es prácticamente nula. Mi entonces novio, después de llamarme la atención varias veces y pedirme que por favor lo superara, se puso furioso conmigo, víctima de los más primitivos celos. No, mentiras, estoy exagerando, el man no estaba histérico pero pues era evidente que la situación no le agradaba mucho que digamos.

Hace dos meses, a mi novio actual lo invitaron a un evento de Chevrolet: el lanzamiento del Aveo Family. Y allá fui a parar yo de pura colada. Durante el evento vi una foto de Manuel José (quien era la imagen de la campaña Fan #1 de Chevrolet) y le conté a mi novio algo de la historia de mi traga por ese niño. Cuál no sería mi sorpresa cuando, un par de horas más tarde, apareció él en persona para promocionar la campaña.

Teniendo en cuenta mis experiencias del pasado, me sorprendió la reacción de mi novio. Se dedicó a tomarle fotos, a reírse de mí (porque aceptémoslo: soy una boleta), y se notaba que de verdad se alegraba al verme toda emocionada por estar cerca de Pablito. Quería tomarme una foto con él, raptarlo y volarnos en un Aveo, por lo menos saludarlo. Pero ni modo, se fue del evento y ni siquiera me di cuenta a qué hora.
.

Una foto de ese memorable día. Rafff.

El jueves de la semana pasada mi novio estaba en Medellín en otro evento de Chevrolet*(lanzamiento del Aveo Emo-tion [el único carro que se corta las mangueras cuando está deprimido, jijiji]). A eso de las 11 pm lo llamé para saludarlo y preguntarle cómo le había ido. La conversación empezó más o menos así:

(Timbra una vez)
(Timbra otra vez)
Este man no me va a contestar.
(Timbra una tercera vez)
Debe estar ocupado.
- Aló.
¿Quién es ese? Aghh, odio que otra persona conteste el celular de mi novio.
- ¿Aló?
- ¿Maria_____?
Ah carajo, y se sabe mi nombre.
- ¿Con quién hablo?
- Maria_____, ¿cómo estás?.

- ¿Con quién hablo?
Maria_____, eres una maldita grosera.
- Con Manuel José Chávez.
¡Ohpordios!
- ¡Ohpordios!
[El cerebro que usted está buscando se encuentra temporalmente fuera de servicio]…
- Mira, es que estaba acá hablando con tu novio y cuando lo llamaste me pidió que te contestara.

A partir de ese momento los recuerdos de la conversación son un tanto difusos para mí. Creo que repetí varias veces las frases “ohpordios”, “me morí”, “no lo puedo creer” y “¿por qué me hacen esto?”. Mientras de su parte abundaban adjetivos como “linda”, “belleza”, “hermosa”, que viniendo de cualquier otro hombre me parecerían demasiado, pero depordios, ¡era Pablito!. Yo para mis adentros sólo agradecía que no fuera una videollamada. Manuel José, aparte de ser un churro, resultó ser todo un bacán. Me mandó besos, abrazos** y se portó súper bien con mi novio.

Le conté que no había podido conocerlo en el lanzamiento del Aveo Family y me respondió algo como:
- Qué lástima, ojalá nos veamos en algún evento de Chevrolet en Bogotá.
¡Tan divino!

(Pausa para que la autora lance el profundo suspiro que se apodera de ella cada vez que recuerda la historia)

Después de dos gloriosos minutos, cuando ya empezaba a asombrarme la capacidad de mi celular para recibir semejante descarga de babas sin cortocircuitarse, Pablito me dijo:

- Bueno supongo que quieres hablar con tu novio.
Nooo, yo con ese hablo otro día, vení, sigamos hablando.
- Bueno, que estés bien.
- Chao linda, un beso.
Me-de-rri-to.
- Chao.
:)


La moraleja es clara: el hombre que yo me merezco, el novio ideal que quiero tener a mi lado por el resto de mi vida… es Manuel José Chávez. No hay duda.

...
O Tatán Mejía, si algún día se da cuenta de mi existencia.

...
O Pedro Luis Falla (papito rico sabor a pollo), con quien
ya tuve un encuentro cercano del primer tipo.

PD: ¿Pruebas? ¿escuché que dijo pruebas?

Julius de poca fé.

*Señores de Chevrolet: favor ponerse en contacto conmigo para que cuadremos el pago por la publicidad descarada en mi blog.

** ¡Ou seh! muéranse de envidia niñas.

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 1:13 p. m. | 28 Infelices comentarios
lunes, 20 de abril de 2009
Réquiem por mi cartuchera azul
Títulos tentativos: "Hoy definitivamente no ha sido mi día" y "Octavo semestre apesta"

Esta mañana, iba en el bus camino a la universidad y me dio por terminar de escribir un post en papel que vengo pensando desde hace algunos días... por si no lo sabían, les comparto el "proceso creativo" de la Próxima Cosecha: primero redacto el post en papel, eso lo hago generalmente en los buses, transmilenio o en las clases cuando están muy aburridas. Después, cuando tengo tiempo, lo paso al computador, le corrijo algunas cosas y lo publico.

Bueno, el caso es que estaba terminando un post de esos que me gustan, que me hacen quedar en ridículo y me ayudan a relajarme burlándome de mí... ese post sigue pendiente, tal vez lo publico esta semana. En esas paró el bus, y el chofer: "por favor me colaboran pasándose al otro vehículo"... agh, ¿no odian cuando los hacen cambiar de bus?

Me guardé el portaminas en el bolsillo y con mi papelito en la mano abordé el otro bus que oh, ¡qué maravilla! iba lleno. Me tocó irme de pie unas cuantas cuadras y cuando por fin conseguí asiento ya se me habían pasado las ganas de escribir, así que guardé mi portaminas en la cartuchera y me fui cabeceando (porque últimamente no he dormido muy bien que digamos) hasta la U.

Cuando me bajé del bus y abrí mi maleta para buscar el carnet, me encontré el bolsillo de la maleta abierto y la cartuchera... ¡ausente! Existe la posibilidad de que se la hayan robado, pero estoy casi segura que la boté por descuido mío. Soy una güeva. Mi amada cartuchera azul, la tengo desde la primaria, ya tenía un cierre dañado, manchas de tinta por todos lados, y yo siempre me había rehusado a cambiarla. Era muy práctica, le cabía de todo y era fácil encontrar cualquier cosa, snif.

Aghhh, qué empute. De inmediato comencé el inventario mental de mi desaparecida cartuchera: el portaminas, el borrador (que son las 2 cosas que realmente uso todos los días), la calculadora (premio de las olimpiadas de matemáticas que gané cuando estaba en décimo), los colores (Magicolor, ya casi acabaditos, también los tenía desde el colegio), las tijeras, la ega, el sacapuntas, el lapicero (colbón, tajalápiz y esfero, rolos ignorantes ¬¬)

De repente recordé un pequeño detalle... ¡la USB! ¡jueputa! cantidades de documentos de los últimos 3 semestres, todas las fotos de Semana Santa, unos papeles de Icetex y Fiducolombia. Y, oh sí, la primera versión de la propuesta de mi tesis y una carpeta llena de artículos que estaba leyendo para la misma. De todas formas tengo copia en mi computador, y la propuesta me la había mandado al correo, menos mal, porque tocaba entregarla hoy al asesor.

Ando estresada y media con la propuesta de la tesis, el viernes tengo que entregar la versión definitiva firmada por mi asesor y me faltan todavía cosas muy importantes, el presupuesto, gran parte de la metodología... además esta tarde me llamó un compañero que me está ayudando a conseguir contactos para decirme que porqué no le cambiaba el enfoque a mi proyecto, ¡en cuatro días! ¡tenéis huevo!

Por otro lado, tareas, proyecticos, y parciales de varias materias. Faltan 3 semanas de clase y después 2 de finales. Agggh, ¿Dónde está el botoncito de pausa? o el de adelantar, ese también serviría.

Los que llevan un buen tiempo leyendo mi blog saben cómo me pongo en esta época. Así que sabrán disculpar este post tan peye y sinsentido. Creo que hace mucho no escribía así, sin pensar, sin revisar, sin borrador, sólo lo que me vaya naciendo. De verdad necesitaba desahogarme.
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PD: ¿vieron ese capítulo de Friends en el que Chandler empieza a llorar y después no puede contenerlo? así he estado desde esta tarde.

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 8:45 p. m. | 24 Infelices comentarios
miércoles, 1 de abril de 2009
Es cuestión de unisexualidad
Ocurrió hace muuuuucho tiempo en el carro de Sergio. Íbamos Cata, el mencionado Sergio y yo hacia vetúasaberdónde, y al pasar al lado de un billar mi amigo recordó cierta anécdota familiar:

Sergio: miren que mi hermana pensaba que “billares mixtos” quería decir que eran para hombres y mujeres, jejeje.

Cata y yo nos miramos durante un instante, en nuestras caras era evidente que lo anterior había sido toda una revelación para ambas. Hasta ese momento pensábamos que un billar mixto pertenecía a la misma familia de una peluquería unisex.

Cata: ¿y entonces qué quiere decir “billares mixtos”?
Sergio: ¡ay no! ¿ustedes también? Billares mixtos son los que tienen mesas para pool y tres bandas.
Cata y Maria(): Ahhhh.
Maria(): ¿pero también dejan entrar mujeres?
Sergio: pues obvio.
Cata: Con razón nunca había visto billares femeninos...

No se hagan, mis Julius del sexo femenino, yo sé que por lo menos una de ustedes se tiene que estar desayunando gracias a este post en el tema de la mixtualidad de los billares. Pero frescas, no se avergüencen, unos cuantos sondeos* realizados después de tan reveladora conversación nos llevaron a concluir que las mujeres (no todas, obviamente, pero sí un buen porcentaje) poco nos interesamos por dicho deporte y por eso nos podemos pasar toda la vida pensando que el adjetivo “mixtos” en el nombre de estos negocios se refiere al género de los jugadores y no a la modalidad del juego.

Como era de esperarse, Sergio se dedicó a burlarse de nosotras hasta el cansancio y se encargó de que todos nuestros amigos se enteraran de nuestra ignorancia. Pero eso no se podía quedar así, no no no. Durante mis pasadas vacaciones en Buga, el Señor de los Milagros que siempre ha sido un bacán conmigo, me puso en el camino (sobre la avenida el Milagroso, de hecho) una nueva revelación, casi tan impactante como la primera.

Así que en cuanto consiga alguito de plata voy a invitar a Cata, a la hermana de Sergio y a cuanta fémina se apunte, a que nos juguemos un chico donde la Yolly.

-¿Adónde?

-Acá:


Justicia divina, equilibrio cósmico :)


* Para la muestra un botón. ¡Ja! Yo sabía que esto no sólo me pasa a mí.

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 10:56 p. m. | 21 Infelices comentarios