domingo, 19 de junio de 2011
El Día que me Quieras
Algunos años antes de que yo naciera mis papás participaron en una película colombiana. Los contactaron porque la producción andaba buscando carros antiguos, pues la historia estaba ambientada en el año 1935. Mi papá, orgulloso propietario de un camión Chevrolet modelo 26, no permite que nadie más lo maneje, y fue así como terminó siendo contratado como extra, con el papel de conductor del camión. Viajaron dos o tres fines de semana a Popayán, donde se estaba rodando la película, y se hospedaron en el mismo hotel que los protagonistas.

Muchas veces oí las historias de mis papás acerca de la grabación, los actores, la historia… yo tenía muchas ganas de ver la película pero conseguir una copia parecía ser imposible. Hice algunas búsquedas en internet pero la información que encontré fue mínima, sólo la mencionaban en un par de sitios sin dar más detalles. Hace más o menos un año, pasando canales durante una noche de domingo nos encontramos la dichosa película en Señal Colombia, ya se estaba acabando, pero al menos pude ver una de las escenas más mencionadas por mis papás: un concierto en el que ellos dos aparecen entre el público. Verlos en la pantalla me dejó aún más antojada de tener la película completa.

Habiendo conocido todo este cuento, alguien muy importante para mí (¿tengo que decir quién?) se hizo a la tarea de encontrar la película y el pasado 6 de mayo, cuatro días antes de mi cumpleaños, llegó a mi casa de Buga su súper regalo, no podía creerlo, por fin la tenía en mis manos: “El Día que me Quieras”, de Sergio Dow.

Gracias Chino :)

La película narra una visita de Gardel a Caracas durante la dictadura... la de Gómez, no la de Chávez. El protagonista es un tipo llamado Pío (Fausto Verdial), un comunista al que se le está acabando el tiempo para hacer algo significativo con su vida. Lleva 10 años de noviazgo con María Luisa (María Eugenia Dávila)… y de aquello nada; pero la ha convencido de que se irán a vivir a Ucrania, compañero. María Luisa y su hermana reciben como invitado especial a Carlos Gardel, interpretado por el hombre Trololó, la noche en que finalmente descubren que el camarada Pío no sirve para maldita la cosa.

“Trololololó-lololó-lololó-ohhh”

Hace un par de semanas vi la película junto a mis papás, quería oír nuevamente las historias que habían repetido por años, pero esta vez podría ver las imágenes que describían. El camión de mi padre hace su primera aparición en el minuto 7:00, como parte de una fantasía socialista de Pío. Mi papá al verlo se queja de todo el tiempo que se necesitó para grabar esas escenas, para que después de la edición sólo aparezcan unos cuantos segundos.

“Por el espíritu combativo que en poco tiempo logrará imponerse, al recobrar las masas una definitiva conciencia histórica bajo la conducción del glorioso proletariado nacional” cof-mamerto-cof.

Decidido a impulsar la revolución, Pío arroja papeletas desde la iglesia hacia la plaza y dos policías salen a perseguirlo. Mientras huye se cruza con el desfile que está recibiendo a Gardel, y cómo no, ahí va mi papá. Pío termina escondido nada más y nada menos que en el camión, logrando escapar de la fuerza opresora.

El carro amarillo de adelante es un Essex modelo 22, y es de mi tío.

Con la estelar aparición de… la cabeza de don Rodrigo :P

La historia sigue, clases de socialismo, promesas ucranianas, más papeletas, reflexiones acerca de la ociosidad de los amores largos, homenajes a Gardel, una groupie que moja cuco cada vez que lo nombran, y tangos aquí y allá. En la película usaron grabaciones del verdadero Gardel, pero mis papás me cuentan que el actor que lo interpretaba tenía muy buena voz y sonaba igualitico a él, tanto que a veces la gente se acercaba a pedirle canciones. Dicen que era un hombre lo más de sencillo, a diferencia de María Eugenia Dávila que, como siempre se ha dicho, era medio impotable.

Finalmente, en el minuto 50 vuelvo a encontrarme a mi papá. Pero ya no está de espaldas y vestido de chofer, no señor, ahora aparece todo elegante y muy bien acompañado:


Mis papás: 20 años más jóvenes y con dos hijos menos.

La escena del concierto se grabó en el Teatro Municipal de Popayán, no habían pasado muchos años desde el terremoto y el teatro estaba cerrado por daños. Así que después de realizar ciertas pruebas para garantizar que era seguro trabajar adentro, taparon las grietas con telones y consiguieron suficiente público para simular un concierto real. Mis papás no eran un par de extras cualquiera, estaban sentados justo detrás de las protagonistas.

Mi mamá ve la escena y recuera el vestido rosado que le prestaron y cómo la maquillaron, mi papá prefiere recordar a Omar Sánchez, uno de los actores que estaba cerca a ellos y que aprovechaba cualquier pausa para hacer circular una botella de aguardiente entre la audiencia.


Mi imagen favorita, me gusta imaginarme que mi mamá le está pidiendo la botella a mi papá, jeje.

La película termina con la canción a la que le debe el nombre, hay un segundo desfile para despedir al cantante, y a medida que éste se va alejando van saliendo los créditos.

Es la única vez que se ve el camión de frente.

Francamente, la película es Mala, así, con M mayúscula. Sin embargo para mí tiene un valor sentimental enorme, la veré otras 500 veces, la guardaré para mostrársela a mis hijos y siempre que tenga la oportunidad hablaré del breve paso de mis padres por la pantalla grande. Y si bien es cierto que mi papá no aparece en los créditos podemos decir que su camión sí:


FIN

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 7:15 p. m. | 22 Infelices comentarios