viernes, 21 de marzo de 2014
Yeyito, ¿qué es una estrella fugaz?

Alguna vez, sacando papeles viejos en la casa de mi abuela materna, encontramos unas cartas que mi abuelo le escribió cuando eran novios. La llamaba "mi muñequita" y le pedía que no peleara con sus hermanas porque le prohibían verlo. Al leer esas cartas descubrí que la relación de mis abuelos en aquella época fue difícil. Me costó trabajo entender que la familia de mi abuela se opuso a que fuera novia del Yeyito, porque yo lo conocí como un hombre al que todos respetaban y amaban.

Mi abuelo sólo estudió hasta primero de bachillerato, sin embargo aprendió por su cuenta todo aquello sobre lo que quiso saber, su conocimiento sobre cultura general era inmenso. Con él se podía hablar sobre cualquier tema, preguntarle cualquier duda y siempre se aprendía algo nuevo.

No tenía educación formal y había perdido una pierna siendo muy joven, poniéndolo así es apenas entendible que mis bisabuelos se preocuparan cuando mi abuela quiso compartir su vida con él.


Afortunadamente tenían una cómplice en la familia, ella fue la encargada de llevar cartas de un lado al otro. No conozco los detalles de la historia pero lo que sí sé es que tuvo un final feliz. Se casaron y tuvieron siete hijos, nunca les faltó nada y, como decía antes, mi abuelo se convirtió en un hombre muy querido y respetado incluso por los que en un principio se opusieron a recibirlo en la familia.



Siendo pequeña tuve la fortuna de crecer cerca a ellos. Íbamos casi todas las tardes a la casa de mis abuelos y ellos pasaban los domingos en la nuestra. Yo tenía 5 o 6 años y sentía (sigo sintiendo) una admiración enorme por mi abuelo. Estaba en esa edad del "¿y por qué?" en la que los niños quieren entenderlo todo y se la pasan preguntando y cuestionando, muchas veces corchando o aburriendo a los papás. La solución de mi mamá era la mejor: pregúntale al Yeyito.


Fue así cómo resulté indagando a mi abuelito sobre todo tipo de materias, y él, con su paciencia infinita, explicándome cosas desde cómo distinguir entre mi mano izquierda y mi mano derecha hasta cómo vuelan los aviones. Creo que puedo señalar a mi abuelo como uno de los primeros culpables de mi gusto por la ingeniería, de él heredé la pasión por investigar, por aprender todo sobre cualquier tema que me llame la atención.


Recuerdo en especial una pregunta que le hice mientras estaba sentado en el corredor de su casa: Yeyito, ¿qué es una estrella fugaz? No recuerdo su respuesta palabra por palabra, pero su explicación fue tan clara y tan sencilla que se me quedó grabada en la mente. Me dijo que no eran estrellas iguales a las que vemos en el cielo, que eran "pedacitos" que caían a la tierra tan rápido que se ponían brillantes.


Hoy, que mi timeline en facebook se ha visto inundado por fotos del abuelo, pienso que él fue como una estrella fugaz en mi vida. Porque no es igual a tantos intelectuales y genios que uno conoce o lee por ahí, él fue un "pedacito" de conocimiento que pasó frente a mí más rápido de lo que hubiera querido, que me compartió esa luz que traía y me dejó esos recuerdos tan bien implantados que dos décadas después siguen apareciendo con claridad en mi memoria.


Hace exactamente 20 años le celebramos el cumpleaños número 70. Fue una fiesta por todo lo alto, con todos sus hermanos, con sus siete hijos y los catorce nietos que habían nacido hasta ese momento. Hubo una piñata gigante que tumbamos usando su bastón y cuyo contenido nos peleamos por igual adultos y niños.



En el diciembre siguiente, un enfisema pulmonar con el que había batallado durante mucho tiempo se llevó al Yeyito. Fueron 70 años vividos plenamente, 70 años en los que se sobrepuso a todos los obstáculos que se encontró y fue feliz. Y nosotros fuimos felices junto a él, por eso, y aunque suene egoísta,  nos duele que esos 70 años hayan sido muy poco tiempo para disfrutarlo. Por eso se me llenan los ojos de lágrimas al escribir sobre él, aun después de 20 años de su partida.

Hoy, más que llorar su muerte, celebro la vida de un hombre maravilloso, de un ejemplo invaluable para mí y para mis tíos y primos. Y espero que donde esté, junto a la Yeyita, nos espere a todos con paciencia, porque volveremos a encontrarnos y todavía me quedan muchas preguntas por hacerle.


Feliz cumpleaños, Yeyito.

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 12:57 p. m. |


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