domingo 22 de enero de 2012
Ahora cuéntame una de vampiros


En el trabajo tengo dos opciones a la hora de almorzar: mesa de hombres o mesa de mujeres. Ambas tienen sus ventajas y desventajas, el grupo de los hombres es mil veces más descomplicado que el de las mujeres e inevitablemente me hacen reír cada vez que me siento con ellos. Menos intrigas y más chistes, perfecto… excepto cuando comienzan a hablar de tenis, o de fútbol, o de baloncesto, o de golf, o de automovilismo (me pregunto si existe algún deporte que no les guste), y eso es como la tercera parte de sus conversaciones. Por el otro lado los intereses de la mesa de las niñas pueden ser más parecidos a los míos y me entiendo más fácil con ellas. Lo que no me gusta tanto es el chismerío inherente a cualquier encuentro de esta mesa.

El caso es que un día cualquiera almorzando en la mesa femenina, dos de sus integrantes estaban súper emocionadas porque el día anterior habían ido al estreno de Amanecer. Yo de inmediato empecé a montárselas porque, como todos sabemos, Twilight es basura. Poco les importaron mis comentarios tipo “los vampiros de verdad no usan splash con escarchita”, ellas seguían eufóricas recordando sus escenas preferidas. En algún punto lograron captar mi atención al mencionar una palabra que yo no conocía, porque nunca había leído una página ni visto cinco segundos de la saga esa. Les seguí la corriente un rato, haciéndoles preguntas sobre la historia mientras intentaba sonar sarcástica, finalmente una de ellas me dijo: mira Maria, si vas a seguir criticando por lo menos léete los libros para que sepas de qué hablas.

Y dicho y hecho, esa misma tarde llegó a mi correo un mensaje con cinco archivos en pdf. Mis queridos Julius, ustedes sabrán perdonarme, no sé a qué hora pasó esto pero… me los leí todos. Así que, habiendo dicho esto…

La Próxima Cosecha Productions
A petición de la mesa de las mujeres
Aunque espero que ninguna de ellas lea mi blog

Presenta:
Mis humildes observaciones sobre Crepúsculo

Foto fusilada de 9gag, quienes a su vez la fusilaron de quién sabe dónde.

Lo primero que tengo que decir es que lo menos absurdo de Twilight es el hecho de que el vampiro brille cuando sale al sol. No, lo verdaderamente ridículo de estos libros son sus diálogos rebuscados y su narración extremadamente descriptiva y monótona. Sin dejar atrás sus analogías baratas, por ejemplo:
—Bella, mi vida era como una noche sin luna antes de encontrarte, muy oscura, pero al menos había estrellas, puntos de luz y motivaciones... Y entonces tú cruzaste mi cielo como un meteoro. De pronto, se encendió todo, todo estuvo lleno de brillantez y belleza. Cuando tú te fuiste, cuando el meteoro desapareció por el horizonte, todo se volvió negro. No había cambiado nada, pero mis ojos habían quedado cegados por la luz. Ya no podía ver las estrellas. Y nada tenía sentido.
—Se te acostumbrarán los ojos —farfullé.
—Ése es justo el problema, no pueden.

Lo que me lleva a mi siguiente punto: ese “amor” maniático del protagonista por la joven e ingenua, y tímida, y torpe, e incansable a la hora de despreciarse a sí misma, y aun así inexplicablemente atractiva para todos los hombres que la rodean: Bella. ¿Cómo les dijera? La escritora de este bodrio recurre a la adolescente interior de sus lectoras, por lo tanto cualquier mujer que recuerde haber tenido 13-14 años (la mayor parte de ellas no tendrá que recordarlo ya que de hecho se encuentran en ese rango) se sentirá identificada con Bella, que siendo una niña retraída y sin ninguna cualidad destacable logra llamar la atención del tipo más churro del colegio, quien hasta ese día no se había interesado en ninguna otra vieja, el man resulta ser inmortal y tener súper poderes, pero eso es sólo un bono extra. Lo importante es el mensaje: querida niña rechazada, sí tú, la de los brackets y los zapatos ortopédicos, la que hace el ridículo en la clase de educación física: imagina que eres tú la que encuentra el amor incondicional y eterno en forma de paliducho con colmillos. Entonces la niña suspira y sigue leyendo el libro/viendo la película esperando que algún día pueda encontrar a su Edward.

Awwww, ¡tan divino! ¡Yo también quiero un vampiro que se meta a mi casa a verme dormir porque me ama!

Nuestro chupasangre en cuestión tiene la habilidad de leer la mente y, según lo que se alcanza a ver en los libros, un humor muy cambiante. Dentro de la misma conversación está contento, frunce el ceño, mira a la lontananza, le cambian de color los ojos, después sonríe, y tal vez vacila, “pero no de una forma humana” (¿?). Luego tenemos otro libro que no hace parte de la saga y que se filtró (sí, claro, se filtró) antes de estar terminado. Se trata de la historia del primer libro pero desde el punto de vista de Edward, y ¡oh, sorpresa! sus capacidades narrativas son tan pobres como las de su amada. Pero no sólo eso, parece que ella también puede leer la mente, pues cuando en Crepúsculo ella piensa que él está pensando equis cosa, consulta uno Sol de Media Noche y resulta que el man piensa exactamente lo que ella supone.
SRSLY? Parecen escritos por el mismo simio. Oh, wait.

En cuanto a la moraleja de la historia, Twilight les da a las niñas una definición retorcidísima del amor. Es lo más normal del mundo que tu novio no te deje sola ni dormida, que te siga a todas partes porque tiene miedo de que si se aleja de ti morirás, que luego decida que mejor sí debería alejarse para protegerte y vuelva unos meses después porque resulta que así te podía proteger mejor, que no te deje ver a tus amigos y te obligue a casarte a los 18 años; y lo menos que tú puedes hacer para agradecerle toda esa dedicación es dejar atrás tu vida y tu familia para ser una de los suyos.

Tú lo has dicho, Edward. *

No puedo mentir, yo también fui una niña de colegio, una muy patética si me permiten decirlo, y existe una minúscula parte de mí que de verdad disfrutó leyendo esta serie de libros, hombre, sino no habría sido capaz de terminarlos. Tengo como testigo al sujeto que vive conmigo y tuvo que aguantarme durante algunas semanas hablándole de Edward (ohhh, ¡Edward!) y hasta se ofreció de voluntario para ver una de las películas conmigo. Afortunadamente mi parte racional es mucho más poderosa y terminamos burlándonos juntos de los diálogos y escenas de la película. Después de este experimento, que como le dije a Mafe en Facebook fue con fines meramente investigativos, entiendo por qué Crepúsculo ha sido un maldito éxito entre las mujeres y me mantengo en mi posición: Twilight es basura.

Y ahora, con su permiso, iré a buscar libros buenos para desplazar esta tonelada de mugre que me quedó en la cabeza. O aprenderé de tenis y de fútbol para pasar más tiempo en la mesa de los hombres. No sé.

* En mis días de investigación encontré este sitio, aparentemente Robert Pattinson (el mismísimo Edward) detesta a Crepúsculo tanto o más que nosotros. De ahí saqué la foto del man burlándose de sus fans.

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 8:43 PM | 9 Infelices comentarios
miércoles 30 de noviembre de 2011
Under my umbrella -ella -ella

Ayer amaneció lloviendo, cosa que no es muy rara por estos días en Cali. Dado que el único billete que cargaba en la cartera era mi dólar de la suerte (situación que también se me ha vuelto común por estos días), sabía que no podía arriesgarme a que me dejara el bus de la empresa, supongo que el jefe Pluma Blanca no me creería si lo llamo a decirle que no pude ir a trabajar porque no alcancé la ruta y no tengo los $2.000 para coger la “Rozo-Cerrito” hasta la planta. Así que después de desayunar y cepillarme los dientes, sin tiempo para maquillarme, agarré mi paraguas y caminé un poco más rápido de lo usual hasta mi parada, un semáforo que queda a 4 minutos de la puerta de mi apartamento.

Llegué a la parada justo a la hora a la que pasa el bus cuando el conductor pretende ser puntual, pero pronto me di cuenta de que ayer no era uno de esos días y que yo iba a tener que esperar otros 10, quizás 15 minutos bajo la lluvia. Entonces tuve tiempo de sobra para detallar el lamentable estado de mi paraguas: está roto, oxidado, no abre del todo bien y de sus 8 puntas, 3 se han convertido en un horrible alambre desnudo. Pensaba en la necesidad de comprar un paraguas nuevo cuando, cómo no, la lluvia aumentó. Tanto que ese pedazo de tela impermeable ya no era suficiente para cubrir mis pies. ¿Hay algo peor que la sensación de una media mojada?


¿Quién me presta para una nueva umbrella -ella -ella, eh eh?

El semáforo cambió a verde otro par de veces y mi bus ni se asomaba. Yo mientras tanto intentaba sin éxito mantener secos mis brazos y pies bajo mi pequeño octágono protector; aunque cualquier esperanza de llegar a la planta con las medias invictas ya estaba perdida, toda mi concentración estaba dedicada a no dejar que el paraguas se moviera ni un milímetro, ya que a la menor alteración de su equilibrio todo el agua acumulada se descargaba sobre mis zapatos, el asunto se me estaba convirtiendo casi en un ejercicio de meditación. De repente un sonido me sacó de mi estado “zen”, una camioneta que acababa de pasar al frente había disminuido su velocidad y me estaba pitando, o bueno, estaba pitando cerca a mí.

Me quedé mirando la camioneta, una KIA negra que ahora se había detenido unos metros delante de mí y seguía pitando. En el andén había más personas y yo no tenía forma de saber si la cosa era conmigo o no. Me pregunté si debía acercarme a su puerta, los vidrios polarizados no ayudaban, bien podía ser un compañero de la empresa que se estaba ofreciendo a llevarme; o podía ser un equis parando para recoger a otro equis, que me diría algo como “¿Por qué carajos pretendes subirte a mi carro?”; o también podía ser un asesino en serie que raptaba a sus víctimas en mañanas lluviosas al norte de Cali.

Fueron esas últimas dos opciones las que me hicieron tomar la decisión de ignorar al conductor misterioso y mirar hacia otro lado, de todas formas mi bus ya debería estar por pasar y no había necesidad de exponerme al ridículo o a una muerte violenta así tan fácil. Finalmente el de la camioneta desistió y siguió su camino. La ruta, que a estas alturas ya llevaba 15 minutos de retraso, apareció en el siguiente cambio del semáforo.

Media hora después estaba en mi oficina cambiándome las medias cuando entró el Gerente de Producción, al verme lo primero que dijo fue:

-No quiso ponerme cuidado esta mañana, ¿no?

- Ayyy, ingeniero ¿era usted?, ¡qué pena! – Le respondí, no sin antes ponerme roja como un tomate.

- Yo le pitaba y le pitaba y usted seguía ahí, así…

Mis compañeros no pudieron contener la risa cuando el jefe Pluma Blanca empezó a imitar mi posición y los gestos que hacía bajo mi triste paraguas.

Maldita sea. Se vale mojarse las patas, se vale tener una sombrilla espantosa, ¿pero dejarse ver por el jefe en semejante estado?, y peor aún: ¿ignorarlo?... Esto sólo me pasa a mí.

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 7:04 PM | 6 Infelices comentarios
martes 27 de septiembre de 2011
Hablando de trasteos...


Hace un año fue mi grado de la universidad. Recuerdo que por esos días mi papá viajó desde Buga para acompañarme en la ceremonia y para ayudarme a empacar y despachar todas mis cosas, ya que una semana después tenía que estar instalada en Cali y lista para empezar a trabajar.


El día de su llegada lo primero que hice fue recibirle la maleta y desempacarla, tenía instrucciones precisas de mi madre de colgar el traje de mi papá en mi closet para que no fuera a arrugarse para el gran día (el traje, mi papá no tendría por qué arrugarse).


El segundo día empezamos a empacar mi trasteo. No fue mayor cosa porque mis pertenencias siempre han sido más bien pocas. Lo que más espacio ocupaba era el computador, nos costó trabajo conseguir una caja lo suficientemente grande para empacarlo, pero al final encontramos una tan grande que el monitor quedaba bailando adentro de ella. Rápidamente don MacGyver solucionó el problema pidiéndome que le trajera todos mis sacos para “cuñar” la pantalla y protegerla del viaje.


Los sacos se acabaron y seguía sobrando espacio en la caja, recurrí a los pantalones, pijamas y la bata de laboratorio que usé durante toda la carrera. Estaba vieja, rota y llena de manchas, pero no quería botarla porque me había acompañado durante tanto tiempo… apegos pendejos que tiene uno.


Finalmente terminamos de llenar la gigantesca caja junto a otras tres, las sellamos y las dejamos listas para despachar a Buga el día siguiente. Era momento de relajarnos y celebrar. Esa noche comimos con mis tíos y nos tomamos una botella de vino, pero no podíamos trasnochar, al día siguiente teníamos que estar en Corferias a las 10 am para la ceremonia de grado.


Por insistencia de mi tía, antes de irme a dormir alisté la ropa que iba a usar, incluidos zapatos y maquillaje. Se me ocurrió de paso revisar que el traje de mi papá estuviera completo y ¡oh sorpresa!, no lo estaba. En mi closet, ahora desocupado, no quedaba ni rastro de la camisa blanca de mi padre. Una segunda inspección reveló algo peor: la cochina bata de laboratorio seguía ahí, lo cual sólo podía significar que era la camisa blanca la que estaba hecha bolita en el fondo de la caja del computador.


Y fue así como terminamos desempacando la caja muy a las once de la noche de la víspera de mi grado, prendidos y cansados, para encontrar la camisa más elegante de mi papá toda arrugada, empolvada, pero eso sí: cumpliendo muy bien su función de cuñar mi monitor.


Él dijo que era culpa mía porque yo le pasé la camisa junto con mis sacos, yo dije que era su culpa porque la tuvo en la mano y no se dio cuenta que para ser una bata de 5 años estaba muy blanca y bien planchadita. Pero en el fondo ambos sabíamos la verdad: ¡esto sólo nos pasa a nosotros!


Una planchada express a la mañana siguiente y la chaqueta del traje fueron suficientes para disimular el percance.


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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 4:10 PM | 6 Infelices comentarios
domingo 19 de junio de 2011
El Día que me Quieras
Algunos años antes de que yo naciera mis papás participaron en una película colombiana. Los contactaron porque la producción andaba buscando carros antiguos, pues la historia estaba ambientada en el año 1935. Mi papá, orgulloso propietario de un camión Chevrolet modelo 26, no permite que nadie más lo maneje, y fue así como terminó siendo contratado como extra, con el papel de conductor del camión. Viajaron dos o tres fines de semana a Popayán, donde se estaba rodando la película, y se hospedaron en el mismo hotel que los protagonistas.

Muchas veces oí las historias de mis papás acerca de la grabación, los actores, la historia… yo tenía muchas ganas de ver la película pero conseguir una copia parecía ser imposible. Hice algunas búsquedas en internet pero la información que encontré fue mínima, sólo la mencionaban en un par de sitios sin dar más detalles. Hace más o menos un año, pasando canales durante una noche de domingo nos encontramos la dichosa película en Señal Colombia, ya se estaba acabando, pero al menos pude ver una de las escenas más mencionadas por mis papás: un concierto en el que ellos dos aparecen entre el público. Verlos en la pantalla me dejó aún más antojada de tener la película completa.

Habiendo conocido todo este cuento, alguien muy importante para mí (¿tengo que decir quién?) se hizo a la tarea de encontrar la película y el pasado 6 de mayo, cuatro días antes de mi cumpleaños, llegó a mi casa de Buga su súper regalo, no podía creerlo, por fin la tenía en mis manos: “El Día que me Quieras”, de Sergio Dow.

Gracias Chino :)

La película narra una visita de Gardel a Caracas durante la dictadura... la de Gómez, no la de Chávez. El protagonista es un tipo llamado Pío (Fausto Verdial), un comunista al que se le está acabando el tiempo para hacer algo significativo con su vida. Lleva 10 años de noviazgo con María Luisa (María Eugenia Dávila)… y de aquello nada; pero la ha convencido de que se irán a vivir a Ucrania, compañero. María Luisa y su hermana reciben como invitado especial a Carlos Gardel, interpretado por el hombre Trololó, la noche en que finalmente descubren que el camarada Pío no sirve para maldita la cosa.

“Trololololó-lololó-lololó-ohhh”

Hace un par de semanas vi la película junto a mis papás, quería oír nuevamente las historias que habían repetido por años, pero esta vez podría ver las imágenes que describían. El camión de mi padre hace su primera aparición en el minuto 7:00, como parte de una fantasía socialista de Pío. Mi papá al verlo se queja de todo el tiempo que se necesitó para grabar esas escenas, para que después de la edición sólo aparezcan unos cuantos segundos.

“Por el espíritu combativo que en poco tiempo logrará imponerse, al recobrar las masas una definitiva conciencia histórica bajo la conducción del glorioso proletariado nacional” cof-mamerto-cof.

Decidido a impulsar la revolución, Pío arroja papeletas desde la iglesia hacia la plaza y dos policías salen a perseguirlo. Mientras huye se cruza con el desfile que está recibiendo a Gardel, y cómo no, ahí va mi papá. Pío termina escondido nada más y nada menos que en el camión, logrando escapar de la fuerza opresora.

El carro amarillo de adelante es un Essex modelo 22, y es de mi tío.

Con la estelar aparición de… la cabeza de don Rodrigo :P

La historia sigue, clases de socialismo, promesas ucranianas, más papeletas, reflexiones acerca de la ociosidad de los amores largos, homenajes a Gardel, una groupie que moja cuco cada vez que lo nombran, y tangos aquí y allá. En la película usaron grabaciones del verdadero Gardel, pero mis papás me cuentan que el actor que lo interpretaba tenía muy buena voz y sonaba igualitico a él, tanto que a veces la gente se acercaba a pedirle canciones. Dicen que era un hombre lo más de sencillo, a diferencia de María Eugenia Dávila que, como siempre se ha dicho, era medio impotable.

Finalmente, en el minuto 50 vuelvo a encontrarme a mi papá. Pero ya no está de espaldas y vestido de chofer, no señor, ahora aparece todo elegante y muy bien acompañado:


Mis papás: 20 años más jóvenes y con dos hijos menos.

La escena del concierto se grabó en el Teatro Municipal de Popayán, no habían pasado muchos años desde el terremoto y el teatro estaba cerrado por daños. Así que después de realizar ciertas pruebas para garantizar que era seguro trabajar adentro, taparon las grietas con telones y consiguieron suficiente público para simular un concierto real. Mis papás no eran un par de extras cualquiera, estaban sentados justo detrás de las protagonistas.

Mi mamá ve la escena y recuera el vestido rosado que le prestaron y cómo la maquillaron, mi papá prefiere recordar a Omar Sánchez, uno de los actores que estaba cerca a ellos y que aprovechaba cualquier pausa para hacer circular una botella de aguardiente entre la audiencia.


Mi imagen favorita, me gusta imaginarme que mi mamá le está pidiendo la botella a mi papá, jeje.

La película termina con la canción a la que le debe el nombre, hay un segundo desfile para despedir al cantante, y a medida que éste se va alejando van saliendo los créditos.

Es la única vez que se ve el camión de frente.

Francamente, la película es Mala, así, con M mayúscula. Sin embargo para mí tiene un valor sentimental enorme, la veré otras 500 veces, la guardaré para mostrársela a mis hijos y siempre que tenga la oportunidad hablaré del breve paso de mis padres por la pantalla grande. Y si bien es cierto que mi papá no aparece en los créditos podemos decir que su camión sí:


FIN

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 7:15 PM | 21 Infelices comentarios
lunes 25 de abril de 2011
Sí, mi novio es bajito, ¿cuál es el puto problema?

Para todos los que han querido ofenderme
o burlarse de mí por tener un novio bajito.



1.57, ese es el número que le quita el sueño a usted. Esa cifra que le ha inspirado tantos chistes fáciles y apodos obvios. Mentiría si dijera que me tienen sin cuidado, porque si así fuera no estaría escribiendo esto, pero entienda que lo que me molesta no son los chistes sino la insistencia, es que lo suyo ya está rayando con la obsesión y yo ya me estoy cansando. Pues sí, mi novio es bajito… ¿cree que no lo sé? ¿cree que él no lo sabe? ¿cree que nos afecta?

Le tengo noticias: ser bajito no es algo que dependa de él, mucho menos de mí, esto es cuestión de genética, ¿le suena? Sí, genética, la misma que hace que algunas personas sean blancas y otras sean negras, la culpable de que mis dientes estén torcidos a pesar de una larga ortodoncia, la causante de quién sabe qué desperfectos en su propio cuerpo que a estas alturas de la vida seguramente ya no le importan y que no quisiera señalar a riesgo de ponerme en su ridículo nivel. Para mí usted se ve tan patético burlándose de la estatura de mi novio como me vería yo diciéndole a alguien: “ja-ja, tienes pecas”, “ja-ja, tu pelo es crespo” o “ja-ja, eres sagitario” (¿?).

Él lleva toda su vida viendo el mundo desde sus 1.57 metros de altura, y aparte de tener que valerse de un butaco a la hora de cambiar un bombillo, no ha sido ningún problema. Y si tampoco es problema para mí, ¿por qué tendría que ser un problema para usted? El acomplejado no es él, pues ignora comentarios malintencionados como los suyos y hasta tiene la capacidad de reírse de sí mismo. Acomplejado usted que sigue preguntándose cómo puedo estar junto a un hombre que físicamente no está a mi altura. Pues cómo le parece que la última vez que busqué no encontré en ninguna parte el avisito de “debes tener esta estatura para ser novio de Maria”.


Así que le pido que la próxima vez que su carencia de vida lo obligue a buscar nuevas formas de burlarse de mi novio, lo haga con características que SÍ dependan de él, porque yo sigo sin entender qué mérito tiene ser más alto que otra persona. Pero bueno, ya que insiste en seguir con asuntos congénitos, acá le dejo un inventario de material nuevo (porque francamente lo de “enano” ya lo tiene muy gastado): pues mire, mi novio además de medir 1.57 es miope, tiene hiperbilirrubinemia, está perdiendo pelo a velocidades alarmantes y ronca como un volcán en erupción. Sírvase, bien pueda. Pero adivine qué… tampoco nos va a importar.

¿Sabe por qué? porque la lista de cosas maravillosas de este hombre, tanto las que dependen de él como las que fueron producto de sus genes, es bien extensa, tanto que no podría terminar de enumerarlas. Lástima que usted no se haya tomado la molestia de descubrirlas porque anda muy ocupado preguntándose si mi novio alcanza la manija del congelador o si compra su ropa en un almacén para niños.

He dicho.




 
Y esto sólo le pasó a Maria() a las 11:35 AM | 34 Infelices comentarios
lunes 28 de marzo de 2011
Batalla naval
En un post anterior mi amigo Lucas* me preguntaba por qué mi odio contra los ñoños de sistemas. La razón es muy simple: me tienen todo restringido el interné. Los blogs, twitter, facebook, youtube… cualquier amenaza potencial para la productividad de los empleados debe morir. En parte entiendo los motivos para estas restricciones, pero es que a veces se pasan, y es frustrante no poderentrar a muchas páginas (algunas veces por motivos laborales) por miedo a que me caiga la policía del internet corporativo.

* Que es uno de los pocos blogueros de los buenos tiempos que sigue escribiendo con frecuencia, y además está estrenando dominio, vayan y le hacen la visita ;)

Pero todos sabemos que la procrastinación existía mucho antes que el internet. Y si la idea es perder tiempo nunca faltarán métodos. Es así como hace un par de semanas, acabando de entregar uno de los trabajos que me habían dado y esperando a que el jefe me asignara el siguiente, me encontré en una de esas situaciones en las que uno dice “marica, no tengo nada que hacer”.

Mi novio resolvió el terrible predicamento proponiendo que jugáramos batalla naval. Cada uno dispuso sus barquitos en una hoja de Excel y empezó la confrontación vía email, porque gtalk ni pensarlo.

Después de varios turnos y un par de embarcaciones destruidas, por iniciativa de él empezamos a escribir nuestras jugadas en modo de verso. Al final hubo unos tan buenos que ambos dijimos “hay que postearlo”. Así que sin más preámbulos…

La Próxima Cosecha productions presenta:
A la carga mis valientes, con coraje, con la espada,¡con los dientes!

Así iba el juego cuando él dijo:


Haz apuntado a E6
Y debo aceptar que he quedado impactado
De nuevo me diste, veis?
Es un barco mío, al que le haz dado

Ya que en F3 he dado
Ahora apunto a E3
Esperandohaber de nuevo acertado
Y no dar muerte al pez.

Mucho me extraña amor mío
Que confundas has con haz.
BTW, mi E3 está vacío,
Pero tu error sufrirás.

Ya que en el E6 acerté
Apunto al D6 con placer.
Y de nuevo repetiré:
No seas bruto, haz es de hacer!

Confundo el uso correcto de la ese y la zeta
Porque aturdido me encuentro por los estallidos
Cuando tu disparo a D6 apunta
Y de nuevo, no ha sido un tiro fallido

Habiendo fallado en mi último intento
A F2 dirijo mis esfuerzos
Pueda ser que tu barco no vaya a barlovento
Y que así solo lo encuentren los buzos

Aturdida es que estoy yo
Por la cojera de tus versos.
Empero tu tiro no falló,
De algo sirven tus esfuerzos

A tu barco dile chao
Pues hoy se acaba su gloria.
Al C6 he disparao
Con baile de la victoria

Mi portaviones en el fondo del mar está
Tu baile de la victoria ya lo anunciaba
Melancólicamente veo como se hunde su asta
Mientras que al tiempo suena la lambada

Queriendo emparejar el marcador
Al F1 yo le atino
No te confundas mi amor
Yo a ti te quiero como un niño

Poco lamento decirte
Que fallaste en F1.
También he de corregirte
Lo tuyo no tiene verso alguno!

Tu canoa es mi nueva meta,
A9 será mi tiro.
Pero no me estires la jeta,
Que por ti es que yo suspiro.

Mis versos poco riman
De mocos mi nariz se llena
Más cuando A9 miran
Y ver como aciertas plena

Hacia F4 mi disparo apunta
Esperando buena noticia
Hundimiento, no de bueyes yunta
Aguardo con sevicia

No te me llenes de mocos
Mira que en F4 acertaste
Mis marinos corren como locos
Porque a su barco le pegaste.

Ahora por B9 voy
No me hagas pataleta.
Orgullosa yo estoy
Por haberte dado en la jeta.

De mocos se llena mi nariz
Ya que mi rima no aprecias
Pero que hayas apuntado a B9 me hace feliz
Ya que al darle al agua las olas se ponen recias

En F5 culmino
El hundimiento de tu barco
Aunque la ventaja que me llevas
Hará del final de este juego todo un parto

Efectivamente, el barco naufragó
Te quiero mi novio lindo
Que de mocos se llenó.

Como en B9 no hubo nada
Seguiré con mi embestida
Hacia A8 va despecuecada
Una Vodka enfurecida

La gata feroz completa
De todos sus intentos un éxito
Apuntar a A8 ha logrado su meta
Impacto en barco mío no es un mito

En busca de la canoíta voy
Y en F10 me fijo
Algo que no espero lograr hoy
Pero antes que tú sería prolijo

Fracasaste en F10
Cosa que me divierte
Ahora espero que esta vez
Tu tiro tampoco acierte

Vodka no se ha despertado
Por eso mando a Entelerido
Cual pájaro emberracado
A7 será su destino

No sé qué pasa con nokia messaging
Que no me avisa tus movidas
Hacia A7 has hecho boing
Y mis marineros usan el salvavidas

Mi barco has hundido
Si claro yo no he sido
A G9 apunto afligido
Con mi canoa que no has vencido

Tu tiro ha sido eficiente
El juego se pone reñido.
Respondo rápidamente:
A por G10, Entelerido!

Tu escurridiza canoa
Buscaré yo sin piedad
Esperando que la poa
Arda con celeridad

Tu tiro a G10 con el Entelerido
Pobre gatito, tan chiquito e inocente
Siento decirte ha sido fallido
Y Pomita lo busca por todos lados desesperadamente

Hacia H9 yo apunto
Y ataco sin piedad
Espero tu canoa se halle junto
A algún árbol de navidad

Retumban en altamar
Unos sonidos peculiares
“ñañañaña” repiten sin cesar
Mis marineros triunfales

Por chillona Poma ha obtenido
Un puesto en la CAT-apulta
Que se tenga tu navío
Cuando a I4 ella apunta


--
Paréntesis para cinco pesitos de contexto:

Vodka:

Poma y Entelerido:



Pajaritos emberracados

sigo...
--

G8 es mi respuesta
A los gracidos de los marineros

Espero les cierre la jeta

A esa partida de travestidos


Me divierte mucho esta partida

Que en verso se practica
Tu búsqueda de la canoa sigue siendo fallida

Y es el agua la que salpica


He de decirte, querido
Que me ofende tu replicar,

Marinero no rima con travestido

Así que lo dices por insultar.


En G8 hay humo y fuego

Nadie sabe qué pasó.

El capitán llora sin consuelo

Porque su manicure se dañó.


Mas supera su congoja
Y recuerda su misión

A tu E9 se le antoja
Apuntar con precisión


Escribir en verso no me sale
Lo acepto con tesón

Y es por eso que mi tiro a G7 equivale

A otra estrofa sin razón


Espero que esta vez acierte

Para tu canoa empezar a buscar

Mientras te digo que por suerte

La mía no has podido encontrar

No desprecies tu talento,
Tu rima chueca me divierte.

Pero, amor, cuánto lo siento

Sólo había agua en E7


El juego debe seguir,

Ahora voy por E3.

Tu canoa quiero hundir

De una maldita vez.


La verdad es que es envidia
Lo que a mí me agobia

Tus rimas salen con picardía

Ni esfuerzo alguno había


Tu disparo hacia E3

Sólo agua es lo que salpica

Mi disparo es esta vez

Es a G10, a darles chumbambica


Me has dejado pensando:
WTF es “chumbambica”?

Palabras estás inventando

Así no se vale marica

Pero volviendo a lo importante

Te comunico un naufragio cruel.

Mi galeón, otrora deslumbrante,

Sumerge al capitán con él.


Siendo mi turno te digo

Tu canoa morirá

Y en J7 predigo

Que su fin encontrará


Chumbambica de chumbimba se deriva
Vulgar manera para buscar hundimientos

J7 ni impacta ni derriba

A mi canoíta que abanica los vientos


Por el triunfo del juego voy esta vez

y en procura de tu canoa elusiva
voy
es por eso que me dirijo a C6
para hundirla, y en lo posible hoy.

¡splash! en el agua suena,
La bala desperdiciada.

Tu puntería está buena
Que siga igual de acertada.


Por mi parte mi bombazo

Ordeno que a G8 se lance.

Y que se oiga un buen totazo

Cuando tu botecito alcance.


El mar de tus bolas de cañón se llena
Y mi canoa intacta permanece
Disparar a A4 me ilusiona

A ver si tu flota por fin perece


Mi armada no va a rendirse
Aunque sea flota de a uno,

Ahora han de dirigirse

Valientes hacia D1


Reporto que tu último intento
Infructuoso ha resultado

Yo no sé si es que estás lento

O sólo desconcentrado


Tu disparo a D1
como ya es casi costumbre

Sólo ha vendido humo

Y no le ha dado a ninguna muchedumbre


Hacia D5 yo apunto

ahora mi disparo

y espero que como en Lepanto

le casque a tu canoa sin reparo


Los verdes cerditos
De aquel juego adictivo

Se ríen indiscretos

De tu tiro improductivo


Yo no sé qué es Lepanto

Pero sí tengo certeza

Que en C8 sentirán espanto

Por el fuego en la cabeza


Apuntar a C8
sí que fue un desatino

dejó a un cangrejo mocho
y a un coral en completo arruino


En B7 ahora yo intento

encontrar la canoa furtiva

y a riesgo de lucir cual jumento

he de decir que usted es muy atractiva


Señor, debo recordarle
Que en plena guerra estamos
Por lo tanto he de rogarle

Que se ahorre sus halagos.


De luto por el marisco

Que lisiado yo dejé
A dispararle me alisto

Al H9, sumercé


Pero antes le aclaro

Que vano fue su trabajo
Pues ese torpe disparo

Se ha hundido aguas abajo


Perdone usted mi impertinencia
De mezclar la guerra con sentir

Pero es que es de su incumbencia

Que sin usted yo he de morir


Boyacense fue su intento

De mi canoa encontrar

Tablero de ajedrez, no le miento

Asemeja este lugar


Como un costal de papas
Su disparo resultó

Apunto al B3 de sus mapas

Dígame usted si le impactó


El B3 está vacío
Como tu pasado intento

Te das cuenta, amor mío,

Qué difícil está esto?


De buscar tu bote

Yo ya me estoy cansando

Ojalá en G4 explote

Y vamos agilizando


Así es, tú lo has dicho
Encontrar la canoa está jodido

Tu intento fue muy picho

Y al fondo del océano se ha ido


Mi paciencia no se agota

Y A2 es mi disparo

Espero tu canoa este ya rota
Lo cual si acierto no sería raro


De tus ataques me río
Y mi canoa sigue ilesa

Ahora el disparo mío

Va al D4 con ligereza


Tu tiro en D4
Mucha agua ha salpicado

Voy a mirar dentro de un rato
Cuánta gente impermeable ha comprado


Buscar una canoa es muy duro

Dura parte de la guerra es

Voy a C4, no hay apuro

Espero no impactar un pez


Una bola de heno pasa
Sobre C4 flotando

Luego un grillo en una balsa

“Cricricri” va cantando


Sospecho que tu armada
Del tablero ha huido

Si en D9 no hallo nada

Te tomaré por bandido


En la mesa y en el juego
Dice el refrán materno

Se conoce al caballero

Si trampa hiciera, me iría al averno


La canoa diminuta es

Son 100 cuadros, mucho pez

No le diste esta vez

Y yo disparo para A6


Eres tan malo, mi vida
Que no le das ni a los peces.
Has fallado en tu movida

Como otras tantas veces


Mas procuro no burlarme

Porque estoy igual que tú

En J9 quiero toparme

Esa canoa de belcebú.


El mar llamó
¿Qué ha dicho?

Sólo mencionó

De vuelta quiere mucho bicho


Otra vez has fallado

No me burlo, yo tampoco

En C2 no he intentado

Ni a mefistófeles yo invoco


Has apuntado a C2
Ya quisieras impactar

Pero de tu puntería atroz

Yo he vuelto a escapar


A I10 iré apuntando,

El colmo si no te doy.

Llevamos tanto jugando
Que de rimar cansada estoy


Kitty, kitty
Little canoe
You tiny

You elusive

Rimar cada vez está más duro

Es por eso que pruebo con el inglés

A B1 yo apunto muy maduro

Te lo digo, no me has dado, otra vez


En español o en inglés,
Debo decirlo, caballero,

Y me perdona la honradez:

Como poeta es buen ingeniero.


Tu anterior detonación

Nuevamente ha fallado.

A tu F9 va mi cañón

Cual proyectil despiadado


Mal poeta soy, no lo niego
Y al hacerlo yo insulto

La memoria de mi abuelo

Pero yo qué hago, sólo insisto


De nuevo tu tiro ha sido errado

Esto ya es casi una pelea

De tigre con burro amarrado

A8 mi intento, sin marea.

En su tumba cenicienta
El abuelo Nicolás

Se retuerce y se lamenta:

Ni escribís, ni le pegás!

Como el viejo bien lo dijo

En A8 tú has errado

Ahora mi blanco fijo

En J5, mi amado.


Bien lo dijo don Jacinto
Lo repito sin pesar

Has fallado en J5

Ojalá vuelvas a fallar


En prosa y guerra fallo

Empero persisto cual gato

Es por eso que no callo

Y disparo a E8


Ningún Jacinto distingo
No sé de qué estás hablando.

Pero yo sólo te digo

Que la sigues embarrando


Por estar tan agotados

Mis hombres pierden la fe.

Sólo espero que en D2

A tu canoa yo le dé.


Pláceme saber que tus hombres desfallecen
Y ojalá que su nuevo fracaso lo acreciente

Los míos quieren ver como los tuyos fallecen

Estoy seguro que ninguno de ellos miente


En mis intentos no había ni jota

Y es algo que hay que corregir

Al nueve yo le apunto

Y espero tu canoa haga hundir


“No puede ser, no!”
Diría Delfín Quishpe,

Pues tu disparo acertó,

A mi canoa le diste.


Mis patadas son de ahogado

Pero tienen validez.

Que no sea malgastado

Mi disparo a tu C10


Alegría! alegría!
Es lo que cantan mis marinos
Formando gran algarabía

Tus disparos son muy vanos


Has fallado otra vez

Y tu canoa ya hace agua

I9 es mi disparo, pues

apuntando a celda contigua


I9 no está ocupado
Lo que alarga este juego,

A F4 he mandado

Quizás mi último fuego


Tú lo has dicho, se ha alargado
Y te digo, con pesar

Que de nuevo has fallado

A J8 he de apuntar


Esta guerra se ha acabado

Y aunque usted no se ría

Yo practico sonrojado
Mi baile de la victoria


Yo lamento interrumpir
La celebración danzante,

Tu tiro he vuelto a evadir

Aunque estoy agonizante.


Con E8 me despido

Este tiro mi adiós es.
A la próxima te pido,

Juguemos más bien parqués


Practicando, yo he dicho
No de forma aleatoria

J10 no he dicho por capricho

Y ahora sí bailo mi victoria

Tu despedida fallida fue

No le diste ni a un pez

Fue un gusto vencerte, no lo actué

Espero hacerlo también en parqués.


Qué suerte tan picha la mía
Que con tanta ventaja perdí.
Sólo por eso le dedicaría

Un post en “esto sólo me pasa a mí”.

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 10:03 AM | 13 Infelices comentarios
lunes 7 de marzo de 2011
El pasto crece más verde en el patio del vecino
Ella me envidiaba por mis tetas, yo la envidiaba por su plata (a pesar de los rumores acerca de su procedencia).
Yo no tuve fiesta de quince. Para sus 15, su papá alquiló el sitio de moda y todos fuimos invitados.
Ella quería ser periodista. Yo quería ser ingeniera.
Yo soy tímida, a ella la recuerdo extrovertida e imprudente.
Ella me llamaba “maestra” porque le ayudaba con física y otras materias. Yo le decía “discípula” por seguirle la corriente.
Yo falté a los últimos días de clase porque estaba en Bogotá, entre otras cosas, tramitando mi inscripción en la universidad. Ella faltó porque finalmente había convencido al papá para que le regalara la mamoplastia de aumento, justo a tiempo para la fiesta de grado.

Ella y yo fuimos amigas en el colegio, lamentablemente dejamos perder el contacto cuando yo me fui a vivir a Bogotá y ella a Cali para estudiar las carreras que queríamos. Ahora lo único que sé de ella es lo que publica en su perfil de Facebook. Era una amistad rara, por lo opuesto de nuestras personalidades. Sin embargo la quería mucho y estaba convencida de que era una mujer muy inteligente y con las capacidades para lograr lo que se propusiera. Cinco años después lo comprobé, cuando ella y yo fuimos las únicas de nuestro salón que nos graduamos de la universidad en los diez semestres habituales. Ese día le escribí en su wall: “aunque ya no seas mi discípula estoy muy orgullosa de vos.”

Empecé a trabajar una semana después de haber recibido mi diploma, dándole gracias a Dios porque sé que hoy en día no es nada fácil conseguir el primer trabajo con esa rapidez. Ella en cambio tenía planes muy distintos: se dedicó a viajar. Primero fue con su papá y sus hermanas a Fort Lauderdale, Miami y Orlando. Creo que también estuvo un tiempo en Bogotá. Anoche supe que anda en Europa, y ver las fotos de su paso por Venecia desató en mí el ataque de envidia más grande de mi vida.

Comencé a preguntarme cómo sería mi vida si las cosas me resultaran tan fáciles como parecen resultarle a ella. Sí, estudié la carrera que quería y en la mejor universidad, pero gracias a eso tengo una deuda de la que no sé cuándo podré librarme. Mientras ella pasea por Italia yo me levanto a las seis de la mañana para ir a trabajar, no puedo evitar sentir envidia. Estoy consciente de que la comparación no es tan básica como la estoy pintando, al fin y al cabo nadie sube fotos de los momentos difíciles a su Facebook. También es cierto que yo también he podido darme gustos a los que otras personas no tienen acceso, así que no tengo derecho a quejarme.


“TEH GRASS IZ ALWAIZ GREENER ON THE UDDER SIED OB TEH FENSE”
Tomado de
I can has Cheezburger.


Mi papá es el hombre más maravilloso del mundo, no podría terminar de agradecerle todos los esfuerzos que ha hecho para darnos a mí y a mis hermanos todo lo que ha estado a su alcance. ¿Pero por qué no pudo ser más simple? ¿por qué siempre tuvimos que seguir esperando la próxima cosecha? ¿por qué tuvimos que tomar una decisión tan difícil como cuál de mis padres iba a acompañarme en mi grado porque la plata no alcanzaba para que viajaran ambos?

No, voy a parar aquí porque empiezo a sonar como víctima y no es la idea. No es justo con ella ni conmigo.

Sé que algún día voy a ir a Venecia, no me permito dudarlo. Estoy segura de que tanto ella como yo alcanzaremos las metas que nos pongamos en nuestra vida profesional, pero hoy siento que a mí me costará más trabajo.

No sé, a ratos me gustaría cambiar de papeles y que la mayor de mis preocupaciones fuera mi talla de brassiere.


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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 1:38 PM | 24 Infelices comentarios
lunes 21 de febrero de 2011
Rata inmunda.

… animal rastrero, escoria de la vida, adefesio malhecho…

Rata inmunda que has tenido a bien escoger esta oficina como tu última morada y pasar a mejor vida precisamente durante un fin de semana para recibirnos este lunes con el aroma concentrado de tu deceso. Este post(umo) es para ti.

He llegado esta mañana a mi oficina y he encontrado a varios de mis compañeros en la puerta, temerosos de entrar, al preguntar qué pasaba los muy perversos no quisieron decirme y me dejaron seguir para que yo misma descubriera tu olorosa presencia… ¿o ausencia? Aguantando la respiración agarré mi casco y mis gafas y huí hacía la reunión diaria de las 7:30 am en el cuarto de control. Fue agradable esa media hora en la que pude olvidarme de tu fragancia, confiada en que sería tiempo suficiente para que los del aseo encontraran tus restos y eliminaran en problema.

¡Pero qué ingenua fui! si son las 3 de la tarde y tu paradero sigue siendo tan desconocido como el de Bin Laden. Los aseadores vienen, mueven un par de muebles, dicen “ahí no está” y vuelven a irse, hasta que otra llamada del cada vez más enfurecido jefe los hace repetir el ciclo.

A las 9 de la mañana, habiendo evadido de todas las formas posibles mi puesto de trabajo, no me quedó otra opción que armarme de resignación y oxígeno, y sentarme a trabajar tratando de ignorar tu hedor. De buenas los que tienen portátil, esos ni tontos que fueran agarraron su trabajo y se fueron a fastidiar a oficinas ajenas, tal como tú lo has hecho durante todo este día. Pero como no es mi caso aquí estoy, firme junto a otros cuantos valientes.

¡Maldita sea, rata! ¿por qué putas no fuiste a morirte en la oficina de los ñoños de sistemas? Pestilente amiga, allá desde el cielo de los roedores sabrás disculparme si mis palabras se suben de tono. Sé que no tienes la culpa, no tenías forma de saber que los ductos del aire acondicionado te atraparían cual tramposo laberinto y en ellos encontrarías tu fin. Pero es que si en la mañana me refería a ti como “ese pobre animalito”, a estas alturas ya te has ganado el nombre de “bicho hijueputa”, nada personal, lo que pasa es que la mortecina no es que sea mi perfume favorito.

Para el mediodía ya me tenías con náuseas, la única razón por la que no me salté el almuerzo fue por la posibilidad de salir aunque fuera por una hora de este lugar que has escogido como mausoleo. Lejos estaba de imaginarme que al regresar la situación se pondría aún peor. Dado que encender el aire acondicionado sería el medio perfecto para difundir tu pestilencia que ya en estado de reposo es insufrible, hemos tenido que prescindir de ese aparato que hace nuestras tardes más llevaderas. El sol vallecaucano puso de su parte y como resultado en este momento estamos considerando trabajar en vestido de baño. Y te lo juro, ratica, que si tuviera un chingue a la mano ya lo estaría usando.

Despreciable rata, o chucha, porque a estas alturas no conocemos ni tu especie. Intenté movilizar a este puñado de bizarros* que permanecía en pie a pesar del calor y la peste, para que habláramos con el jefe y le pidiéramos permiso de salir en la ruta de las 2pm, pero como verás tengo tantas habilidades de sindicalista como tú de escapista de ductos de aire, con todo respeto. Así que aquí sigo, contando los minutos para largarme a mi casa, bañarme y olvidar el que ha sido el lunes más largo desde que empecé en este trabajo.

Ahora, mientras te escribo estas letras esperando que la actividad me ayude a pasar más rápido esta tarde insufrible, me informan que finalmente han encontrado tu cadáver. Me he apresurado al celebrar el feliz término de tu operativo de búsqueda y rescate, porque al parecer la odisea no acaba aquí. Intentando lavar tu oloroso rastro, uno de los aseadores tuvo la brillante idea de echarle agua al motor del aire acondicionado. ¡Alegría!, esta oficina seguirá con el clima del quinto pailón del infierno hasta nuevo aviso ¬¬

Pero por lo menos ya podrán darte cristiana sepultura, y que descanses en paz, ya que acá no tuvimos de eso en todo el día. El morbo me ha llevado a chismosear el recogedor en el que te llevaban, no eras una rata, ni siquiera eras “una”, al parecer la chucha que sacaron el viernes pasado había tenido sus crías acá. Ahora hasta siento pesar por esas dos chuchas bebés. Pobrecitas.

Hasta nunca, chuchitas, que en la próxima vida la selección natural no sea tan mierda con ustedes (ni tan cochina con nosotros).

* Siempre había querido usar esa palabra en el contexto correcto :)

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 4:58 PM | 10 Infelices comentarios
martes 25 de enero de 2011
Lima y el anti-choque cultural
Llevaba muchos años esperando la oportunidad de conocer un país diferente a Colombia. Por eso cuando comenzamos a planear el viaje a Santiago para el concierto, una buena parte de mi emoción se debía a que finalmente estrenaría mi pasaporte, que no sólo tendría el sello de entrada a Chile, también guardaría la evidencia de una corta pero valiosa escala en la República de Perú.

“Dolor de barriga” era el nombre clave para referirnos a la ansiedad por nuestro inminente viaje. El conteo regresivo se iba agotando y yo seguía sin creer que estaba a punto de salir de mi país por primera vez. Ese día mi dolor de barriga se transformó en ataque de angustia en pleno McDonald’s del aeropuerto El Dorado. De un momento a otro empecé a imaginarme las peores situaciones posibles, en las que me negaban la entrada a Lima o la salida de Bogotá, o me enfermaba estando lejos, perdía mis documentos en la mitad del viaje y otras mil catástrofes imaginarias; como pude me calmé y sin nada de hambre me embutí una hamburguesa, ya estaba lista para abordar.

Mi primer vuelo internacional aterrizó en Lima a la 1:00 a.m. del 4 de diciembre. Al salir del avión, con muy pocas horas de sueño encima, me sentí como un animal al que acabaran de liberar en un hábitat desconocido. Todo era novedad para mí, contemplaba cada detalle con una fascinación exagerada: los avisos, las personas, la publicidad, las construcciones, ¡hasta los semáforos eran diferentes! y ni hablar de los acentos de la gente. Creo que me comporté como toda una provinciana, de esas que bajaban del monte con espejito, durante todo el trayecto entre el aeropuerto José María Chávez (que por cuestión de gustos personales preferí llamar Manuel José) y la casa de Bruno, nuestro anfitrión.

A la mañana siguiente, y a pesar de no haber dormido muy bien por cuenta de tres gatos que hicieron de mi cobija su campo de juegos, me levanté dispuesta a explorar cada centímetro cuadrado de esa ciudad tan ajena, tan distinta. Lamentablemente la emoción que había sentido esa madrugada se desvaneció rápidamente cuando empecé a descubrir marcas idénticas a las que veo todos los días en Colombia.

Fue absurdo y a la vez abrumador. Es decir, uno sabe que en cualquier parte del mundo se va a encontrar una valla de Coca-Cola, pero no espera tropezarse con un anuncio de Colcafé, con bandera tricolor incluida, en medio de las calles limeñas. Y así iban apareciendo uno tras otro: Movistar, Totto, Fallabella, almacenes Bata, etc. Además de expresiones o costumbres que yo juraba que eran propias de nuestra cultura y también resultaban ser parte de la cotidianidad de los peruanos.

Mi desconcierto llegó al extremo cuando encontré, cerca del palacio de gobierno, un lugar donde vendían un dulce llamado “manjar”, que no era otra cosa que el mismísimo manjarblanco del que tanto nos vanagloriamos los vallecaucanos. Más adelante un carrito anunciaba vender Champús. Pensaba “esto ya es el colmo”, toda una vida convencida de que esos productos sólo se conseguían en mi región.


Mientras avanzaba nuestro recorrido me di cuenta que empezaba a sobre-pensar el asunto, de modo que tuve que hacer un esfuerzo consciente para dejar de comparar, me obligué a dejar de buscar las similitudes entre la plaza de armas y la plaza de Bolívar; entre el centro comercial Polvos Azules* y el famoso San Andresito; entre la avenida Abancay y la décima con Jiménez. La jornada turística no sólo estaba desmintiendo todo lo que esperaba de mi experiencia en un nuevo país, también me estaba haciendo cuestionar mi propia identidad. En una época de globalización y multinacionales al parecer nada era propio de acá ni de allá, ¿será posible que terminemos estandarizándonos por completo? Y cuando eso pase, ¿qué voy a llevar como souvenir para mi familia?

Al final probé la Inca Kola y se me pasó la pendejada.

Oh sí.

Me fui de Perú feliz, habiendo probado el mejor cebiche de mi vida, con ganas de haber tenido por lo menos un día más para conocer lo que nos faltó de Lima;inmensamente agradecida con los Kámiche, una familia tan numerosa como hospitalaria, no habría podido ni soñar con unos mejores anfitriones. Pero el choque cultural que esperaba nunca llegó, esa diferencia abismal que me había pintado entre mi país y los demás jamás la vi.

* No, Polvos Azules no son los que se echan los pitufos, malpensado, degenerado, Pendiolo ¬¬

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 7:53 PM | 14 Infelices comentarios
miércoles 15 de diciembre de 2010
Epic
Todavía recuerdo el día que leí la noticia en Twitter: Faith No More confirma su último concierto en Santiago de Chile el 5 de diciembre. En ese momento él, mi novio, estaba en Londres en un evento de Nokia y yo me alistaba para un viaje improvisado a Cali para presentar la entrevista en la que conseguiría mi trabajo actual. De inmediato le envié un mensaje para contarle la buena noticia. Él no lo sabe, pero antes de escribir el mensaje yo ya había decidido que no le permitiría perderse ese concierto. En junio habíamos pasado por una desilusión cuando, teniendo el viaje planeado y las entradas compradas para el concierto de New York City, la embajada gringa nos negó la visa dañando todos nuestros planes. Pero esta vez iba a ser distinto, no dependíamos de ningún cónsul. No me importaba si iba solo o conmigo, todo lo que quería era que no dejara pasar la que podría ser la última oportunidad de ver a su ídolo en vivo.

Tres meses después ahí estábamos, en el estadio Bicentenario La Florida. Eran las seis de la tarde locales, una media hora antes nos habíamos reunido con Gonzalo, quien también es fanático de la banda y se antojó de ir al concierto el día que nosotros compramos las boletas por internet. Así que éramos tres colombianos en Santiago, caminando en busca de la esquina de la Avenida Olivares con Colombia (sí, así se llamaba la calle) para reclamar dichas boletas y poder entrar al estadio. La espera fue más corta que la caminada y en poco tiempo estábamos ingresando al Rock Área, es decir, la gramilla del estadio. Al entrar me emocioné mucho, sabía que estaríamos cerca del escenario pero no me lo había imaginado hasta que estuve ahí, a tan poquitos metros. Él también estaba emocionado, nos abrazamos y sonreímos, no podíamos creer que finalmente estábamos allá, de hecho yo aún no he terminado de asimilarlo.



Un telonero cantaba casi desnudo sobre la gente del Rock Área, por su parecido físico con el personaje de Tom Hanks en la película Náufrago el público lo había bautizado “Wilson”. Nunca lo vi tocar el escenario, lo suyo era un crowdsurfing permanente, incluso llegó a instalar un butaco, tambor y baquetas sobre las manos que lo sostenían, y se sentó a tocar una canción completa como si fuera lo más normal del mundo. Qué traba la que se cargaba Wilson. En algún momento las pantallas del estadio mostraron a Mike Patton, observando tras bambalinas la presentación del telonero con cara de “esa es la actitud”.




Mientras Wilson nadaba sobre la multitud con su pantaloneta roja a media nalga, nosotros aprovechábamos el desorden para abrirnos paso entre los chilenos y así quedar lo más cerca posible del escenario donde en pocas horas veríamos a FNM. Estábamos en medio de un tire y afloje constante. La masa humana me llevaba hacia delante y hacia atrás como las olas en una playa. Esa noche al acostarme, tuve una especie de síndrome de desembarque en el que mi cuerpo, estando quieto, seguía sintiendo la corriente de empujones a la que estuvo sometido durante el concierto. En nuestra misión de avanzada Gonzalo se fue rezagando hasta quedar varias filas detrás de nosotros.

A pesar de que ya eran casi las ocho de la noche, el sol seguía golpeando sin clemencia a la gente de las graderías; eso (los días más largos en el verano) es algo que yo nunca había visto y que seguiría asombrándome durante mi corta estadía en Chile. Hasta ese momento todo iba bien, aparte de algunos codazos y el “agüita para mi gente de Santiago” que me había empapado la camiseta, la situación era llevadera. Pero entonces Primus empezó su presentación y fue como si en esa playita humana se hubiera desatado la peor de las tormentas sin previo aviso. Esa primera canción de Primus fue para mí toda una lucha por preservar mi integridad física, en la que sólo permanecer de pie implicaba un esfuerzo enorme. No me importaba ceder puestos, quería salir de ese tumulto que, apasionado, saltaba y batía los brazos sin ningún orden aparente. Y fue así como nos reencontramos con Gonzalo, donde estaba no era tan terrible el caos, de modo que pude descansar un poco de esa estampida a la que acababa de sobrevivir.

Pero yo sabía que él no iba a querer quedarse en ese punto, no había atravesado el continente para ver de lejos a su grupo favorito. Él tenía que estar a centímetros de Patton, y lo menos que yo podía hacer era acompañarlo. Después de un rato, y casi sin darnos cuenta, emprendimos nuevamente la expedición hacia las primeras filas.

La presentación de Primus fue corta, o al menos así me pareció, y dio paso a unas eternas pruebas de luces y sonido. El clásico “uno dos tres, tssonido, ¿tsi?, probando, ¿tsi?, tsonido, uno…” fue reemplazado en este caso por: “yeah, yeeahhh, yeah”. Estando en relativo silencio, de vez en cuando oíamos gritos y aplausos desde las tribunas. Todos miraban hacia el centro de la cancha y yo no entendía lo que estaba pasando. Hasta que un chileno que estaba a mi lado nos explicó que “son los weones que se están pasando para esta zona. Cuando los Pacos [policías] no los agarran la gente les aplaude”. Me reía cada vez que oía a los locales, estaba fascinada con sus insultos, aunque la mayoría de las veces no lograba entender lo que decían al final terminé uniéndome a sus gritos pidiendo que saliera Patton, “conchaetumadre”, “culiao”, “paren la hueá,” y así. A eso de las nueve de la noche el sol finalmente empezó a ocultarse, mientras que la expectativa por la aparición de Faith No More iba creciendo.

De repente comencé a percibir un olor fuerte, sentía ganas de estornudar pero no podía hacerlo, tenía irritados los ojos y la garganta. Entonces me di cuenta que no era la única, no podía ser coincidencia que al menos 12 personas a mi alrededor estornudaran casi al tiempo. Eran gases lacrimógenos que los Pacos habían echado afuera del estadio, seguramente para detener a los weones que intentaban colarse. Mi malestar fue creciendo, mientras que él apenas alcanzaba a detectar el olor yo sentía que me estaba quedando sin aire. No podía haber un peor momento para que empezara el concierto… por lo tanto empezó.

La tos y la asfixia se me olvidaron en cuanto vi a Mike Patton, Roddy Bottum, Mike Bordin (el único rasta canoso que he visto en mi vida), Billy Gould y John Hudson salir al escenario vestidos de blanco. Abrieron con Epic, la canción más conocida del grupo. Como era de esperarse la marea humana volvió a subir, pero esta vez estaba más preparada para enfrentarla. Me hubiera gustado que comenzaran con una canción más suave (Reunited, por ejemplo), pero se mandaron con toda y así mismo respondió el público. Para mí es una lástima no haber podido disfrutar más esa canción, que me encanta, por haber estado cuidándome de los empujones y batallando para no soltarme de la mano de él. Pero bueno, no se puede esperar vivir una experiencia personal entre semejante multitud.

- You want it all but you can’t have it.-

Nuevamente retrocedimos varios puestos por cuenta de la euforia de la primera canción. Sin embargo los recuperamos con facilidad gracias a un tipo altísimo de quien nos pegamos en su avanzada cuando tocaron Caffeine. De cualquier manera nunca llegamos a la primera fila, si mucho a la octava, nos dimos cuenta de que si avanzábamos más nos encontraríamos con una pelea colectiva que no nos permitiría disfrutar del evento. Los chilenos tienen la asquerosa costumbre de escupir a los artistas durante los conciertos. Es algo que nunca terminaré de entender, ¿pagar la boleta más cara sólo para poder contar con orgullo que le escupiste a ese grupo o cantante que admiras? A mí me habían informado con tiempo acerca de este desagradable hábito, pero por más preparación psicológica que tuve no podía evitar retorcerme del asco cada vez que levantaba la cara para ver a FNM y veía un pollo (así les llaman) volando hacia ellos. Lo peor de todo es que a Patton le encanta eso, los incentiva a hacerlo. Hubo un momento en el que dijo en un perfecto español que quería una “pollería” en el escenario. Yo me agaché y me tapé la cabeza apenas oí su petición.

- It’s the thing you hate the most.-

Cuando le conté a mi hermano que me iba para Chile y le dije el motivo del viaje se burló de mí. Me dijo que yo era una “fan casual, fan de concierto” y que sólo iba porque ajá. Como lo último que quería era ser eso que mi hermano había descrito, estuve oyendo música de Faith No More diariamente los dos meses previos al concierto. De todas formas los dos años junto al hombre que, probablemente, sabe más de ese grupo que cualquier otra persona en Colombia me habían dejado un conocimiento de su música del cual no era consciente. Estando allá, en el Bicentenario, me sorprendí al ver que sabía más letras y conocía más canciones que la mayoría de los fanáticos que me rodeaban. Sé que si fuera por nivel y años de fanatismo, habría miles de personas con más derecho a estar allá que yo, pero nadie podría decir que no me lo gocé al máximo.

Él reconocía cada canción incluso antes del primer acorde, y me decía los títulos con la emoción con la que un niño descubre sus regalos de navidad. Pero el mejor de los regalos llegó cuando empezaron a tocar King for a Day, que es su canción favorita y de la cual llevábamos bastante tiempo preguntándonos si la cantarían en Santiago. De inmediato supe que estaba presenciando uno de los momentos más importantes de su vida, las lágrimas se iban acumulando en sus ojos mientras cantaba cada línea junto a su ídolo. Él había estado esperando muchos años por este instante y yo me sentí privilegiada por presenciarlo. No quería interrumpir, no quería hacer o decir nada que alterara esa felicidad infinita que se veía en su cara; con cuidado saqué el celular de su bolsillo y empecé a grabar apuntando a la pantalla más cercana. También tomé un par de fotos pero salieron horribles, culpo a la hora y a la inestabilidad de mi mano. Mi idea era documentar el momento para que él pudiera revivirlo cada vez que quisiera, espero haberlo logrado aunque sé que no necesitaría ningún video para recordarlo.


- This is the best party I’ve ever been into.-

La groupie que vive en mi interior se iba liberando a medida que avanzaba el concierto, de mis canciones favoritas tocaron: The Gentle Art of Making Enemies, Evidence, Midlife Crisis, Ashes to Ashes, Just a Man; y me quedaron debiendo The Real Thing, Chinese Arithmetic y Land of Sunshine. Mike Patton estuvo tan enérgico e impredecible como lo había visto en todos los videos de conciertos anteriores. De repente se desaparecía y los demás, sin dejar de tocar, se miraban como preguntándose “¿y ahora qué va a hacer?”, entonces volvía con una máscara en la cabeza diciendo “yo soy don Francisco, y cuando digo canto, cantas”, o se acercaba al público en busca de más “pollos”, o tomaba prestada una cámara de la primera fila para grabarse cantando. Es un hombre con tanta actitud como talento, capaz de cantar lo que le venga en gana sin fallar en una sola nota, todo esto al mismo tiempo que hace cualquier tipo de payasada en el escenario. Cantó dos canciones en español: Evidence y Qué he Sacado con Quererte, esta última es un cover de Violeta Parra que habían tocado la noche anterior durante el cierre de la teletón. “¡Este man es un putas!”, fue lo único que pude decir al oírlo cantando esa canción, con tanta fuerza en su voz que cada “ay-ay-ay” me dolía en el alma.

-A star is out. I will not touch you I am just a man. -

Aunque me parecía agotador mantener el ritmo de quienes saltaban a mi alrededor, era mejor que quedarme quieta y sufrir sus pisotones, bueno, eso lo sabe cualquiera que haya asistido a un concierto. El caso es que mis pies y mis botas todavía recuerdan ese día con un poco de dolor. Pero lo mejor fue cuando dejé de saltar por instinto de conservación y realmente me dejé llevar por la emoción del momento. Creo que el punto cumbre fue en el primer encore con We Care a Lot, cuando me descubrí saltando y pegando alaridos mientras quienes estaban junto a mí, incluido él, se veían lo más de calmados.

- And it’s a dirty job but someone’s got to do it -

Para el segundo encore entraron cantando Easy, un cover de The Commodores que me gusta muchísimo. Podría decirse que, junto a Just a Man, fueron las únicas canciones suaves de todo el concierto, así que aproveché la calma para cantar a grito herido sin preocuparme por los dedos de mis pies, que a esa altura ya eran cebiche chileno. Él me abrazó por la cadera y yo agarré su mano, en ese momento no existía nada diferente a nosotros dos, excepto Mike Patton y su maravillosa voz. A la mitad de la canción estaba tan emocionada que se me salían las lágrimas, lloré de alegría, lloré agradeciéndole a la vida que me había permitido estar ahí. Había estado tan concentrada en acompañarlo a él a cumplir su sueño que no me di cuenta que también se había convertido en el mío. El concierto estaba por terminar, y había sido todo lo que yo esperaba y mucho más.

- That’s why I’m easy, easy like Sunday morning.-

Un tercer encore me tomó por sorpresa cuando ya me alistaba para salir. Volvieron por última vez para despedirse como debía ser, y justo como él lo había pronosticado varios días antes, tocaron Kiss and Say Goodbye. La letra es súper triste, habla de la separación de una pareja pero se amoldaba perfectamente a la situación, era la despedida definitiva. Se sentía como un aire de duelo en el ambiente, era la nostalgia de saber que estábamos presenciando la última canción del último concierto de Faith no More. Entre el público circulaba una bandera gigante con el texto “Happy ending, fuckers”, a Patton y Roddy les pareció un detalle muy dulce y le agradecieron una vez más su fidelidad a los chilenos. Finalmente, después de una ovación que pareció durar horas, las luces del estadio se encendieron y nosotros emprendimos la retirada, convencidos de haber sido parte de un capítulo “Epic” de la historia de esta gran banda.


- Please darlin', don't you cry. Let's just kiss and say goodbye. -


*Los links de los nombres de cada canción llevan a videos del concierto. Excepto Reunited que es de la presentación en el Download Festival. El video de King for a Day fue el que yo grabé con su celular y del que hablo en el post. Los videos de Easy y "Don Francisco" también son cosecha propia.

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