jueves, 26 de marzo de 2009
Es mejor en bici

Mis piernas se mueven por inercia, suben, bajan y se detienen en un inconsciente ritmo que se repite una y otra vez. Te sigo con toda mi confianza, tratando que la huella que deja tu llanta trasera marque la trayectoria que seguiré a continuación.

Aquí estoy, detrás de ti, pero no tan cerca como te gustaría, me haces señas y me dices que debo ir pegada a ti. Yo lo intento pero no soy capaz de mantener tu velocidad, entonces mi frustración hace que comience a hablar sola, alegando con el aire y haciéndote muecas por la espalda… olvidando por completo ese pequeño espejo retrovisor que tienes en tu casco y que te sirve para vigilarme todo el tiempo. Miro el espejo y sonrío, y aunque sólo puedo ver tu ojo izquierdo, sé que también estás sonriendo. He aprendido a interpretar tus miradas a través de ese artefacto, con tu ojo me regañas, me “miras rayado”, me preguntas si estoy bien o simplemente me dices que me quieres.

Llegamos a un semáforo, me detengo a tu lado y me explicas cómo vamos a cruzar. Se me viene a la mente el recuerdo del pánico que sentí la primera vez que salimos en bici, cuando un carro que pasara a mi lado podía paralizarme fácilmente. Todavía le tengo el respeto necesario a los carros, pero ese temor exagerado a las calles ha ido desapareciendo poco a poco. Contigo he conocido esta ciudad de una manera que hasta hace poco tiempo ni me hubiera imaginado; he puesto a prueba mi estado físico (el cual consideraba patético) y el resultado me ha hecho mejorar mi concepto de mí misma. Me encanta saber lo lejos que puedo llegar cuando me lo propongo. Aunque, claro, cuando me muestras en tu celular que hemos recorrido X km, el cansancio se apodera de mí, apoyo mi cabeza en tu hombro y te digo: “¡ohpordios! muero lentamente”

Arrancamos de nuevo, ahora vamos por una cicloruta, esas que antes pasaban desapercibidas para mí y hoy agradezco por cada metro de ellas, así como agradezco vivir en Bogotá. Sí, yo sé que vivo quejándome del clima, de la gente, de la contaminación; pero sabes que esta ciudad me ha enamorado desde la primera vez que puse un pie en ella. Y mucho más ahora que he encontrado a alguien como tú, con quien puedo disfrutar todo lo que nos ofrece Bogotá, como la Candelaria, el parque Simón Bolívar, el mirador de los nevados, la zona T, la plaza de Bolívar y otros cuantos sitios a los que hemos llegado pedaleando, tú en Maria Casquitos y yo en Enriqueta.

La foto no es mía, pero como si lo fuera.

¿Ves? por andar pensando bobadas ya me dejaste atrás. A veces olvidas que llevas 15 años en esto y yo menos de 6 meses, a veces me exiges demasiado con tus inalcanzables 30 km/h. Pero no importa, acelero el paso y voy por ti. Meto un cambio y suena como si estuviera torturando a la pobre bicicleta. Mordiendo mi labio inferior, frunciendo las cejas y agachando la cabeza espero tu regaño en 5,4,3… ¡fiuuu! no hubo tal. Te lo juro que a ratos me da menos miedo caerme que recibir un regaño tuyo por causa de mis burradas.

Entendeme, esto de los cambios y los platos sigue siendo cosa complicada para mí. Recuerdo las primeras veces (¿cambios? ¿qué es eso?), mi chiste de “¿no se consiguen bicis automáticas?” que no te hizo ninguna gracia; tus señas con las manos para decirme qué debía hacer: pulgar derecho para subir un cambio, índice izquierdo para bajar el plato, y así… y yo con esas ganas que tenía de responderte con mi dedo del medio, con una señal universal que me resultaría perfecta en ese momento. ¡Pero no podía hacerlo! si me soltaba del manubrio probablemente terminaría de jeta contra el pavimento.

Nos acercamos al puente de la 134 con autopista norte, la subida se ve difícil, al menos para mí.
- ¡Dime que no me vas a hacer subir esa cosa!
- Para allá vamos.
- ¡Ohpordios!

Tomo aire, bajo un par de cambios y empiezo el ascenso. En mis piernas se siente la pendiente, trato de mantener una velocidad constante como me enseñaste, siento el corazón latiendo muy fuerte, mi respiración cada vez más agitada, mis pantorrillas tiemblan con cada pedalazo, (¡taca!) bajo otro cambio, falta poco. Te veo llegar “a la cima” y hago mi último esfuerzo por alcanzarte, estoy sudando a pesar de los 10°C de la noche bogotana. Ya casi, unos metros más… ¡lo logré!

-¡PARA!- necesito tomar agua.

“Eres una dura, mi amor. Estoy muy orgulloso de ti”. Me dices sonriendo. Yo quiero contestarte pero el aire a duras penas me alcanza para mantenerme en pie.

Mientras bajo el puente a toda velocidad, sueño con repetir esta experiencia miles de veces, a tu lado, por supuesto. Sueño con esa bici que me dijiste que vamos a comprar para jubilar a Enriqueta, y con el casco que me hace falta para completar mi “disfraz de ciclista”. Y bueno, si algo hemos aprendido es que los sueños, los tuyos por ejemplo, a veces empiezan a cumplirse sin siquiera darnos cuenta ¿no crees?

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 12:26 p. m. | 35 Infelices comentarios
jueves, 12 de marzo de 2009
Sin palabras, nuevamente

Por eso me demoré tanto en escribir este post.

También porque durante varios días no fui capaz de entrar a mi blog sabiendo que me iba a encontrar con el post anterior, tan emotivo, tan espontáneo, tan lleno de expectativas… y cómo contrasta con lo que sentimos días después.

No, ya no voy a ser tía, al menos no por ahora. Sin haberse completado una semana de la gran noticia, mi cuñada lamentablemente tuvo algunas complicaciones, y después le dijeron que es posible que nunca hubiera estado embarazada. La verdad nunca entendí bien lo que pasó y tampoco quise indagar más sobre el tema.

Duele mucho este vacío, y es extraño sentirse así por una personita que ni siquiera llegamos a conocer.

Pero bueno, ya lo dijo mi cuñada: la naturaleza es sabia. A lo mejor los recién casados todavía no estaban listos para ser padres. Por lo menos ya sabemos la emoción con la que esta familia recibirá a un nuevo integrante. Y estoy segura que ese momento llegará más temprano que tarde.

Hermanito: te quiero y te extraño mucho. ¡Y ponete a trabajar en mi primer sobrino pues!

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Y esto sólo le pasó a Maria() a las 1:39 p. m. | 11 Infelices comentarios