domingo, 29 de julio de 2007
La campanita de cristal
Quisimos recordarte con una sonrisa, y a pesar de todo lo que ha pasado en los últimos días no fue difícil. Nos llegaron a la mente muchas buenas anécdotas, como la de la campanita de cristal…

Fue en enero de este año, en uno de nuestros tantos sancochos familiares de los domingos, en los que cualquier excusa es válida para pasar el día juntos, almorzar tarde y hablar bestialidades. Estabas con nosotros en la sala y cuando viste venir a mi mamá le dijiste: “mija, venga a poner orden en esta casa, mire, aquí le rescaté esta campanita porque los sinvergüenzas de mis nietos la estaban usando dizque para tomar aguardiente”.

De inmediato alguno de nosotros (creo que fue mi hermano) salió en nuestra defensa, y es que el de la idea de la campanita fue uno de mis tíos, además en la cámara teníamos la evidencia necesaria para salvarnos del regaño de mi mamá, aunque mis primos dicen que paseo a Buga sin regaño de doña Patricia no es paseo.

“No abuelita, hoy si perdió porque la agarramos in fraganti, le tenemos toda la secuencia:”

Vea, cuando le servimos el guaro.

Acá cuando se lo está tomando.


Y haciendo sonar la campanita, porque si no sonaba le tocaba tomarse otro.


Ay, cómo nos reímos ese día…


Adios mi Yeyita, gracias por todos esos buenos momentos, por todos los regaños y por ese amor infinito que nos entregaste a cada uno de nosotros. Nunca dejaremos de extrañarte.

Dorys María Renjifo de Sánchez.
25 de abril de 1929 – 29 de julio de 2007.

Etiquetas: , ,

 
Y esto sólo le pasó a Maria() a las 10:31 p. m. | 11 Infelices comentarios
martes, 24 de julio de 2007
¿Y qué dice don Rodrigo?
Que tenía un problema en el filtro, que el termostato estaba jodido, que lo tuvieron una semana en mantenimiento general, que todos los días le chuzaban el brazo para medirle el aceite, que el chasis se le iba desacomodando porque perdió diez kilos, que lo mandaron a tomar complejo B para la batería que se le descargó… *

Es excelente tener a mi MacGiver de vuelta en el hogar, sólo espero que complete su reparación recuperación muy pronto para que pueda acompañarme a Bogotá.

* Y después preguntan que por qué mis hermanos y yo salimos tan ingenieros :D

Etiquetas: ,

 
Y esto sólo le pasó a Maria() a las 3:48 p. m. | 10 Infelices comentarios
jueves, 19 de julio de 2007
Tercera entrega
¿Qúe dijeron? ¿Que esta semana no había “esto sólo le pasa a Julius”?, pues sí hay, sólo que con 4 días de retraso, o anticipación, depende de cómo se quiera ver.

Para hoy les tengo una historia de Andrés Felipe, rolito él, ingeniero, medio despechado, propietario de “La música no tiene la culpa”. A los que quieran participar por el grandioso premio (un chocorramo), les recuerdo que tienen que enviar sus historias al correo proximacosecha@gmail.com

SÍN TÍTULO

Pues si la señorita Maria escribe muy bien, y le pasan cosas que todos leemos, nos matan de la risa, y que solo le pasan a ella. Pero hoy con este escrito voy por el “chocoramo de oro” y el titulo oficial de solo me pasa a mí 2007, porque en serio dudo que alguien más pueda contar esto.

La historia se remonta por allá a mi primer semestre de universidad, hace unos 6 años largos. Era sábado en la tarde y había quedado de encontrarme con mis amigos en la casa de uno de ellos cerca a Bulevar (sip Bulevar Niza, No Boulevard, o ¿no han visto los buses que van para allá?) para comer, ver un clásico Milan-Inter, y perder un rato el tiempo jugando cartas.

Por aquella época todavía pasaban buses, busetas, flotas, “combis”, colectivos y demás clases de transporte público por la Autopista Norte y no solo los hacinadisimos Transmilenio.

El día estaba caliente de forma casi profética, pronosticado lo que yo que soy un tipo “cachaquisimo” no puedo todavía creer: Bogotá se convertiría en tierra caliente y la gente empezaría a salir a la calle en camiseta manga “tsitsa”, chancla y pantalón cortico con normalidad, que dolor!

En fin; Salí de mi casa y bajé algunas cuadras hasta la “Autonorte”, tomé un bus destartalado de los que cuando uno es un “pubertin” sin plata, son la maravilla porque sobran 200 pesos que pueden ser utilizados para dos chicles tumix, o mejor aun, si uno anda con el espíritu aventurero y decide montarse en “promoción” por la puerta de atrás, puede ahorrarse hasta 500 pesos!! (media cerveza!!!)...

El bus iba casi desocupado, excepto por mí y una señora con cara de emp/&#$, que seguramente volvía a la casa después de pasar un sábado trabajando hasta esa hora.

Les cuento que siendo yo un poco asocial y jodon , decidí sentarme en la conocida silla de la llanta o del “enano” , en la parte que no es necesario colocarse en posición semi fetal para poder entrar y que en el eventual caso de una frenada brusca, puede dejar el pobre miserable sentado en ella con una lesión severa de columna, es decir mi queridos lectores latinoamericanos que también toman bus, buseta, combi , o colectivo (porque esto es un asunto cultural casi como el “latin dancing”, el fubolito y las novelas) en la que da hacia el pasillo, para de esta forma persuadir a cualquiera posible compañero de viaje de no sentarse a mi lado.

El trancón* por la paralela era insoportable (y en este momento reconozco el gran aporte del “transmi” a nuestra cuidad, eso era un m…rdero!) y el calor adentro era terrible. Recuerdo que el señor conductor llevaba puesto a todo volumen un cassette de corridos que hablaba de una balacera bien jijuemadre con un montón de muertos (por favor hagan click aquí), y ya después de 20 minutos y solo haber avanzado cinco cuadras, yo andaba haciendo mala cara y deseando echarle un madrazo a alguien por el calor y el tedio.

Estaba ahí cuando un tipo por ahí de 35 años, bigote y chaqueta de cuero negro desgastado (igualito a la idea que tiene la chiqui de lo que es un atracador) se subió al bus, miro de un lado a otro, empezó a caminar despacio hacia donde yo estaba, se quedo mirándome, y me dijo:

-Me puedo sentar?

Si mis lectores (o mejor los de Maria), en un bus vacío, con montones de sillas libres, más cómodas, y especialmente sin mi al lado, este señor prefería sentarse en la silla de la tortura. En ese momento, lo único que hice fue girarme un poco casi sin mirarlo para dejar que el míster pasara a mi lado, se sentara y tratar de olvidar todo el asunto.

Increíblemente pocos minutos después de eso, el bus se llenó. Todos los puestos hasta el pasillo estaban repletos de gente acalorada y sudorosa apretándose unos contra otros, pero eso no era lo misterioso del asunto; lentamente pero con fuerza empecé a percibir un olor a cebolla, comino (odio el comino), ajo, grasa…. en resumidas cuentas, a guiso. Si señores, mi compañero de viaje olía a guiso, no a “chucha” (BO) o cualquier otro olor que puede expeler un ser humano, este señor tenia un olor en “increcendo” a guiso, que se acaloraba debajo de su inclemente chaqueta negra, y se volvía mas fuerte alrededor.

Lo confieso, me sentí como un mal ser humano por percibir ese olor a guiso en otra persona, y es que ustedes saben que decirle guiso a alguien no es un piropo, y solo por eso decidí no pararme para demostrar que era un niño prejucioso más.

De pronto, la cremallera de la chaqueta negra al fin bajo acompañada de una gota de sudor que salto de la frente de este hombre hasta el piso. Lentamente vi como metió su mano entre el cuero y su camisa, tomó algo de uno de los bolsillos y lo empiezó a sacar a la realidad. Una extremidad de lo que supongo yo alguna vez fue un ser vivo, se asomo como en la peor escena de una película de terror, envuelta en una bolsa tibia de plástico metalizado húmeda y repleta de pedacitos de pellejos y vísceras: SI, este tipo saco una bolsa llena de menudencias de pollo y se las empezó a comer de forma despiadada a mi lado.

Es que aunque de un tiempo para acá me he tratado de volver un hombre cosmopolita, y he probado cosas que hace un año ni se me hubiera ocurrido poner en mi boca (de comer!!!!), las menudencias de pollo definitivamente están fuera de mis elecciones gastronómicas. Las menudencias de pollo tienen para mi, algo perturbador atado a ellas: los corazoncitos**, higaditos, crestas (cresticas?), cabezas de aves con los ojos abiertos y cerebros sancochados, pero especialmente las patas arrugadas con uñas largas, que tienen la extraña propiedad de siempre salirse del recipiente que las contiene como queriéndose escapar, asemejándose al zombie de una película de terror que trata de huir del estomago de un comensal cualquiera, me hacen sentir que me estoy comiendo parte de un conjuro de vudú.

En fin mi compañero de silla, colorado por el calor comió y lamió de cada una de los pedacitos amarillentos que tenía en su bolsa plástica, chupo el tuétano de las dos paticas que sobresalían de la bolsa, salpicándome repetidamente del caldo condimentado que escurría de su manjar. Era inevitable, el hambre de este señor solo era comparable con la cantidad de pedacitos voladores de pellejo, guiso y grasa que se esparcían alrededor.

Hay que tener en cuenta que en esa época era yo todavía un niño bien (si! Todavía tenia voluntad!) y ni la universidad Nacional o las malas compañías habían hecho mella en mi, era todavía el nieto de “Rusellita carajo”, que se graduó de un colegio de curas gomelos de la capital. Seguramente si eso me pasa hoy le pido al señor que me deje picar una papita que no este muy untada de neuronas de pollo.

Como todo, la bolsita de menudencias se acabó, mi compañero de viaje término de vaciarla llevándola a su boca y escurriéndola entre sus labios, como cuando uno termina una bolsa de papas fritas y se come las boronas, la guardo en el bolsillo, limpio sus manos en su pantalón, se recostó contra la ventana para dormir hasta cuando yo después de varios empujones y codazos me bajé del bus al llegar mi destino. Obviamente la posibilidad de cualquier salida esa noche se vio destrozada por el olor a cebolla y comino que me poseyó, y que instantáneamente destrozó cualquier posibilidad de rumba o romance ese sábado, porque créanme jamás vamos a ver por TV algo así como: “Menudence’ - by Givenchy”.

Si yo se, es una historia superficial e intrascendente, pero niéguenme que eso, solo me ha pasado a mi…

*O embotellamiento que llaman Güeyes (que internacional soy!)

**Soy casi un ignorante de lo que contiene un plato de menudencias

Maria() opina: buenísimo, me hizo reír mucho esta historia, lo único malo, desde mi humilde opinión, es que se demora mucho en arrancar.

Matilda califica: cuatro filetes y medio.


Y en otras noticias:


Este chuzo está cerrado desde hoy hasta nuevo aviso.


Motivo:

(Está como feito el afiche de este año)


Nos vemos en la próxima cosecha.

Etiquetas: ,

 
Y esto sólo le pasó a Maria() a las 11:21 a. m. | 16 Infelices comentarios
lunes, 16 de julio de 2007
Treinta buenas razones…

… para no dedicarle esta canción a este moacho

1. Porque no creo que sea un gran fanático de Diomedes Díaz.

2. Porque yo tampoco lo soy.

3. Porque sería mejor una de Julieta Venegas…

4. Porque no es muy muchacho que digamos, está cumpliendo 30.

5. Porque no es mío, ni más faltaba.

6. Porque quién soy yo pa’ andar dedicándole vallenatos.

7. Porque ni siquiera es un vallenato de cumpleaños, este sí.

8. Porque esto no le llega ni a los talones a lo que él me regaló en mi cumpleaños.

9. Porque debe haber cien mil ideas mejores.

10. Porque se llama Freddy Antonio, no Rafael.

11. Porque no lo regaño a cada rato, sólo de vez en cuando.

12. Porque yo no era así cuando muchacha.

13. Porque no sé (ni me interesa saber) qué carajos es un “pengazo”.

14. Porque no se parece a mi papá, hombre del alma buena.

15. Porque nunca me ha dado panela cuando estoy llorando.

16. Porque hoy no veo en él las costumbres aquellas ¿cuáles?

17. Porque por más que me esfuerzo no logro recordar la cartilla abecedario.

18. Porque yo sí he vuelto a la iglesia después que me bautizaron.

19. Porque el man es agnóstico, entonces no creo que se entusiasme por ir a la iglesia.

20. Porque a lo mejor no está de acuerdo con eso de que “Dios a todos nos tiene en cuenta”.

21. Porque no me imagino parada en la puerta de una caseta.

22. Porque sí me fui pa’l Valle, pero no solita.

23. Porque yo no aprendí a trabajar desde pela’a.

24. Porque no estoy acostumbrada a vivir siempre con plata.

25. Porque son muy pocos los problemas que he solucionado con la poca plata que me he ganado.

26. Porque dudo mucho que a Webargas le inspire ser zapatero.

27. Porque también dudo que le preocupe ser ejemplo malo del pueblo.

28. Porque el ejemplo mío sí es mi viejo, pero el ejemplo de :::W::: no soy yo.

29. (bis)

30. Porque si me hubiera puesto a buscar una canción que no saliera para nada con la ocasión, no habría encontrado una peor que “Mi Muchacho”.


Pero después de esas treinta razones, sigue habiendo una para dedicarla… porque nombra la fecha de hoy.


El 16 de Julio es la fiesta de la Virgen del Carmen.


¡Ay hombeeeee!


Freddy: ahí disculparás la payasada, yo sólo quería decirte Feliz Cumpleaños, que te gocés la llegada al tercer piso con toda, y que sigás siendo el bacán que sos.

Etiquetas:

 
Y esto sólo le pasó a Maria() a las 9:31 p. m. | 4 Infelices comentarios
viernes, 13 de julio de 2007
En Buga…

- Somos poquitos pero sustanciosos.

- Los chismes viajan a velocidades supersónicas.

- Está haciendo un calor desesperante (¿o será que ya me estoy volviendo rola?)

- Si salís a caminar par cuadras (borondo que llaman) te encontrás con mínimo tres conocidos.

- Parece que lleváramos veinte años con el mismo alcalde.

- No hay “plazuela” que prospere, acá lo único es sentarse a tomar aguardiente Blanco del Valle en cualquier parque, en el aeropuerto (que de aeropuerto no tiene sino el nombre) o en “La Jaula de las Locas”.

- Una carrera de taxi cuesta $2500 a donde sea, excepto a mi casa.

- Si querés ir a cine no tenés que escoger la película, sólo hay una sala de cine (decente).

- Dos calles juran que tienen el derecho de llamarse avenidas.

- Nos creemos la chimba por estudiar en el Liceo.

- Diariamente abren un negocio del tipo “Agáchese” y se quiebran otros dos.

- Cuenta la leyenda que en cada casa hay un bobo amarrado a un papayo (en la mía no hay porque ya me volé)

- Tenemos feria la próxima semana, ¡y que no me esperen en la casa!

- (entrada editada para proteger la integridad de la autora)

- Olímpica siempre será Mercafé, Cristar siempre será Conalvidrios y el Club Comfenalco siempre será el Guadalajara.

- El edificio más alto tiene como cinco pisos.

- Cualquier vuelta se puede hacer a pie, pero con este calor ¡qué mamera!

- Tenemos el único Cristo milagroso morenito del mundo.

- No se maneja lo que es en sí la escalera eléctrica.

- Una vez le pintaron la cara color esperanza al Cuajinais.

- Por la noche uno sale con cinco mil pesos en el bolsillo y vuelve prendido y con diez mil.

- Hay una iglesia en una de cada seis esquinas.

- Se consigue el mejor manjarblanco del mundo.

- Cuando yo estaba chiquita los números telefónicos tenían sólo cinco cifras.


En Buga está lo más importante en mi vida: mi familia. Estoy en el pueblo más sabroso del mundo y todos los que no están deberían tener envidia jaja.

Etiquetas: ,

 
Y esto sólo le pasó a Maria() a las 5:28 p. m. | 31 Infelices comentarios
miércoles, 11 de julio de 2007
La semana pasada

Iba yo saliendo del cuarto de mis papás muy desprevenida cuando de repente se me aparece un monstruo como de dos metros de alto, extendiendo sus brazos hacia mí con un grito de “¡Puaaaaaa!” que me hizo emitir un alarido agudo que se pudo oír en un kilómetro a la redonda, y saltar como un resorte a la cama buscando el refugio en los brazos de mi madre que no podía respirar de tanto reírse.

Era mi papá con su overol de trabajo y una gorra extraña que le acababan de regalar, que tiene una tela al frente para protegerse la cara del sol. Él venía a mostrarle el accesorio nuevo a mi mamá pero al verme levantándome de la cama no desaprovechó la oportunidad para meterme ese susto tan hijuemadre.

Algo así pero cubriendo toda la cara

Después de burlarse hasta las lágrimas, le dije que el atuendo no era necesario, que su aparición inesperada y el grito hubieran sido suficientes ya que asustarme a mí es lo más fácil del mundo. Eso fue como el miércoles de la semana pasada.

Hoy mi papá, el invencible MacGyver, está hospitalizado en Cali, con una fiebre que persiste después de cinco días, con la tensión baja por ratos, con las plaquetas por el suelo y el ánimo más abajo. Y yo acá, aburrida porque me hace mucha falta, encartada porque otra vez me dejaron “cocinando con mi hermano” y preocupada porque desde que se murió la mamá del roommate de Q-k el dengue se ha sumado a la lista de mis miedos, debajo del cáncer y encima de los monstruos vestidos de overol.

Etiquetas: ,

 
Y esto sólo le pasó a Maria() a las 2:07 p. m. | 10 Infelices comentarios
martes, 10 de julio de 2007
Segunda entrega (lado B)

Bueno, para hoy martes, segundo día de la semana, se les tiene la segunda parte de la segunda entrega del segundo concurso de mi primer blog.

La idea era haberla publicado el pasado domingo, pero todo es culpa de mi Juan que se negó a prestarme la Femputadora, pero en fin, aquí estoy.

La primera historia de hoy es de una Julius, (como siempre las damas primero), de ella no es mucho lo que les pueda decir, ya que lo único que sé es que prefiere ser llamada Giugis , que nunca antes se había hecho sentir por acá y que hace unos días me envió la siguiente historia.

BOGOTÁ UNA CIUDAD INTERMINABLE

Si hay un sitio en el mundo extremadamente raro, donde sucedan cosas que hagan que se mezcle la alegría con la tristeza, lo rico con lo pobre, la civilización con el atraso, y muchas otras cosas; es Bogotá. Por lo menos eso pienso yo.

Salía de clase a las 3:45pm; algo tarde a decir verdad, puesto a que se trataba de un viernes.

Quince minutos transcurrieron desde que salí de la universidad a la carrera 13 donde me disponía a tomar un bus que me llevara a Corferias con el fin de seguir estudiando, aún sin importar que fuera un viernes.

Media hora paso antes de que consiguiera mi objetivo. Muchos fueron los buses que de todo tipo y precio se pasaron frente a mi y si no los pare, a los que le saque la mano; no me pararon. Cuando ya me encontraba en camino sabia o por lo menos presentía que el viaje iba ser largo; pero no me imagine que tanto. No era la primera vez que visitaba corferias y mucho menos la primera vez en que en esa misma avenida* iba coger dicho bus; por lo tanto ¿qué podía pasar?

Cuando reconociera la estatua de Jaime Garzón que me ubicaba de cierta forma al lugar donde debía llegar, me prepararía a bajarme, sin embargo el bus seguía y seguía derecho, razón por la cual me empecé a asustar, pues cada vez se alejaba más del recinto ferial. Por mi mente paso el siguiente pensamiento “Si en el cartel decía Corferias era porque en algún momento debía pasar por allí”; sin embargo dicha cosa nunca paso. Metro a metro el bus iba quedando desolado hasta el punto de quedar en él solo el conductor, el ayudante y yo. De un momento a otro entramos a un parqueadero de puros buses; fue allí donde entendí que el recorrido había terminado y yo aún no lograba llegar a la feria.

En ese momento el conductor se voltea, nos quedamos mirándonos como diciendo; bueno y ahora ¿que? Acá ya no hay a donde ir; fue en ese momento cuando le dije:


-Ando algo perdida- dije con voz entrecortada a punto de soltar lágrimas de mis ojos

-¿A donde iba?- me pregunto el hombre

-Tenia la intención de ir a corferias, vi que paso por detrás pensé que me dejaría cerca pero no fue así y luego no supe que hacer.


Con cara de lastima me aclaro que en el tablero efectivamente decía corferias pero eso quería decir que pasaba por dicho barrio pero no necesariamente por el recinto ferial, que era en ultimas el lugar al que yo debía llegar. Fue ahí donde entendí que por más que crea conocer Bogotá aún me quedan muchos lugares por explorar, obviamente no soy de acá y un año de residencia en la capital no me hacen experta en los 1732 kilómetros cuadrados que tiene.

Sin embargo comprendí que aun existe gente solidaria y buena en este mundo y más en una ciudad y un país donde sólo se habla de violencia, guerra, narcotráfico y nada más que cosas malas. El conductor me llevo con otro bus que iba a salir de turno a su recorrido habitual para que me devolviera por decir de alguna forma a la ciudad pues me encontraba en la Cll 0 que a decir verdad ni me imaginaba que existía; incluso me dijo en donde bajarme para lograr llegar a la feria; sin embargo mi poco conocimiento en rutas de buses (porque hoy me di cuenta que es poco), me hizo reconocer que el bus tomaba en una parte de la ciudad exactamente en chapinero en la carrera 17 con calle 34; el mismo camino a mi casa, lo cual me tranquilizo un poco; y al ver la hora preferí dirigirme a ella y no a Corferias.

Finalmente llegue a mi casa viva, salva y con un conjunto de sentimientos encontrados que no sabría describirlos era una mezcla entre el miedo y la alegría de vivir en una ciudad grande y con muchas cosas aún por ver. Y lo mas bueno; conocí Bogotá por solo $1000 lo mismo que ir de la universidad a mi casa; por esa razón me salio gratis el paseo y aunque no pude entrar a la feria mañana como sea me toca ir, pero antes buscare asesoria en el transporte pues quizá esta vez no se repita la misma historia y ahí si podría salirme caro. **

*Avenida: así le llamamos en mi tierrita a lo que en Bogotá son las carreras

**Esta historia la escribí hace exactamente 3 años; cuando estaba recién llegada a Bogotá; a esta fecha ya me ubico más pero esto no quiere decir que la conozca bien, a veces duro horas paseando en transmilenio antes de llegar a una cita

Maria() opina: ¿qué puedo decir? Totalmente identificada con la autora porque también he sufrido la angustia de perderme en Bogotá, sin embargo la ausencia de tildes me hizo dudar acerca de si debía publicar o no la historia.

Matilda califica: tres filetes.

El segundo escritor invitado del día es el señor Juan Holms, un tipo que me cae muy bien a pesar de que es muy poco lo que se puede conocer realmente de él por medio de su diario, Juan Holms fue uno de los primeros que propuso la idea de este concurso y por lo tanto era imposible no recibir una historia suya.

LA MANCHA

Resulta que con el jefe nos invitaron a una reunión importante un día a las 2 p.m. Con una semana de antelación nos habían dicho; el jefe me había recalcado lo importante que iba a ser y hasta me había mencionado que ese día llevara mi mejor traje: “tráigase su mejor pinta para ese día”

Así que escogí un vestido azul oscuro, con una camisa blanca inmaculada. Que era lo mejor que tenia.

El día llegó y transcurrió normal, el jefe que siempre era un manojo de nervios y que se estresaba fácilmente, me vio por la mañana y como me había aflojado el nudo de la corbata me dijo “pero a la reunión no se vaya a ir así no?” yo le dije “tranquilo jefe ahorita después de almuerzo me arreglo el nudo”.

Me arregle el nudo y me fui a almorzar. Entre a un corrientazo y me dio por pedir un bistec a caballo. Resultó que la carne estaba como dura y en uno de los intentos por cortarla, la bendita salsa salpicó, Juemadre!! me mire rápido y solo me había caído una pizca en la corbata, así que la limpié rápidamente y todo bien. “Mejor no me como esta vaina”, me dije “no vaya a ser que me manche de verdad.”

Terminé de almorzar y me fui a caminar un rato. Pleno centro de Bogota señores y señoras, carrera séptima que a esa hora esta llena de gente. Veía las vitrinas, caminaba y hasta me metí a comerme un helado, estaba de lo más tranquilo, pase la séptima entre a un centro comercial y me metí a un baño.

Cuando me veo en el espejo: Una mancha amarilla, no ni siquiera amarilla, anaranjada intensa, de pura salsa como de tres centímetros de diámetro adornándome el cuello de la camisa!, ni siquiera el saco la podia ocultar. Era la 1 p.m. y la reunión era en una hora, pero teniendo en cuenta el desplazamiento, tenía que estar a la 1: 20 mínimo en la oficina. Al principio casi me da un ataque de pánico, mandiga sea hola, porque me pasan a mi estas idioteces!!., y despues se me vino a la cabeza que el restaurante estaba lleno y me imagine la escena de Juan Holms adornado con una mancha ni la berraca en la camisa almorzando tranquilo delante del todo el mundo y fuera de eso el paseo que se dio por todo el centro exhibiéndole a media Bogotá su mancha en el cuello, que oso!!!. no sabía si ponerme a llorar a o reír

Me toco medio limpiar el cuello, la hijuemadre mancha ya se había secado (claro, la había paseado por el centro y la había “secado la sol”), así que tuve que frotarla duro y dejarla en un amarillo pollito tenue; salir despavorido de allí y meterme al primer almacén de camisas que encontré, para hacer una compra relámpago.

Cuando llegué a la oficina, con la bolsa donde estaba mi camisa manchada (“mi camisa raya”) pase por el lado del jefe y me dijo: “ Huy pero hasta se compró camisa, no era para tanto”… “Jeje si señor, no es que la otra estaba ya como viejita”.

Excelentisima Maria, señoras y señores, blogeros y visitantes "esto solo me pasa a mí".

Maria() opina: jajaja ¡qué pecao! pobre Juan Holms, te imagino paseando por toda la séptima con tu imperceptible manchita en la camisa, me hiciste reír mucho con esa historia.

Matilda califica: cuatro filetes.

A Giugis y a Juan Holms les agradezco muchísimo por participar, y a los demás lectores les digo que estoy esperando sus historias en el correo proximacosecha@gmail.com

Actualización: corregido el asunto de los filetes, es que esto sólo le pasa a Mati.

Etiquetas:

 
Y esto sólo le pasó a Maria() a las 11:00 p. m. | 9 Infelices comentarios
sábado, 7 de julio de 2007
Segunda entrega (lado A)
Buenas buenas, pa’ lo del dizque concurso…

Tengo que decirles que me encuentro gratamente sorprendida de haber recibido cuatro historias en el transcurso de esta semana, la verdad cuando abrí la convocatoria tenía miedo de no recibir ninguna.

Para que el post de este fin de semana no me quedara kilométrico decidí dividirlo en dos partes, así que aquí les va la primera dosis de Esto sólo le pasa a Julius, hoy con un par de distinguidísimos invitados.

Por aquello de “las damas primero” los dejo con la historia de la señorita Karin, a.k.a. La Encargada, metro y medio de talento y pura personalidad que conocí gracias a mi amigo el Flaco y que se declaró fan número 42 de este humilde blog.

LA HISTORIA DEL CHICOGOMITA

Como no se trata de abusar del blog de Maria() (porque para escribir largo y parejo tengo mi propio blog) trataré de contar este SoloMePasaAMi de una manera resumida. Aclaro que habrá que entrar en detalles en algunas ocasiones entonces ténganme paciencia porque suelo ser muy descriptiva y me extiendo en las cosas solo para que usted lector, termine de leer y sepa bien qué fue lo que pasó… o dejó de pasar.

Cómo así? Pere tantico que ya le voy a contar. Esta historia surgió hace un año en el lugar que suele caracterizarme y donde (casi) siempre me verán los fines de semana: La Oficina (o para los que no saben, el parque del poblado).

Un día antes de irme para Bogotá de vacaciones me fui para LaOficina y allá me encontré con unos amigos. Entre ellos estaban Ortega y Juanca. Todo iba muy bien: Cervezas, la noche, conversábamos de todo y de nada a la vez…

Hasta que Ortega se encontró con un chico que no estaba para nada mal. Ya saben niñas, de esos manes que uno ve y dice: Uy! Eso tan bueno de donde salió?

Pues si que para no extenderme mucho y para llegar al punto divertido del cuento, les comento que ese día pasamos super bueno. Creo que puedo llegar a decir que ha sido de las mejores noches que he tenido en LaOficina. Nos reímos muchísimo y jamás llegué a pensar que este chico, quien daba la primera impresión de ser un picado, mala gente y engreído, fuera a ser tan querido, tan sencillo y con un sentido del humor tan fino.

Si bien yo ya le había echado el ojo, nunca le dije nada a mis amigos y es que también tenía que ser realista: este tipo qué se iba a fijar en mí… “De eso tan bueno no le dan a uno”. Pero una cosa no quería decir otra y si no era nuestro destino estar juntos por el resto de nuestros días, al menos amigos si podíamos ser. Así que a este chico no le di importancia y dejé así… hasta que, estando otra vez en la Oficina con Ortega, me lo volví a encontrar.

Era muy chévere ver que siempre que los tres nos reuníamos pasábamos tan bueno y claro, yo no era la única que se había dado cuenta de eso. Ortega, ya había hecho algunos comentarios.

(Aquí hago un paréntesis porque es clave en la historia que explique esto. Hay una niña en cuestión que se llama Melisa. Ella hace unos meses atrás había tenido un rollo con el ChicoQueEstabaMasBuenoQueUnCostaladoDeGomitas, pero ya no había nada. Eran amigos y el punto clave de la historia era que Ortega le estaba cayendo a Melisa)

Más adelante y ya con la confianza que nos tenemos los amigos, le conté a Ortega que a mi me gustaba ElChicoGomita y que como yo era una chica postmoderna pues me iba a lanzar al ruedo. Total, qué perdía? Lo peor que me podía pasar era que el tipo me dijera que tenía novia, que era gay o que yo no le gustaba... y yo hasta donde me conozco puedo manejar esas verdades.

El plan que antes era de tres, se volvió de cuatro. Para donde íbamos Ortega y yo llamábamos al ChicoGomita y a Melisa… Que el algo*, que ir al Pub**, que tomar cafecito en LeBon, que ver películas, en fin!

Una noche de Oficina, estábamos Ortega, ElChicoGomita y yo y de esas cosas que estábamos pasando tan bueno que la noche se nos hizo corta. En ese entonces a uno la policía lo sacaba del parque alrededor de las tres ó tres y media de la mañana (ahora nos sacan más temprano debido a los disturbios que hubo con los punkeros hace unos meses)…

Cuando llegó la policía nos fuimos para el atrio de la iglesia del Parque del Poblado y ahí seguimos conversando.

Tipo cuatro y media, cinco a Ortega le entró el sueño y nos dejó a los dos solos ahí conversando. ElChicoGomita me contó lo que hacía, dónde trabajaba, qué estudiaba y en fin! Esas bobadas que uno le pregunta a una persona cuando está interesado en ella.

Pasando la hora de la madrugada cuando más frío hace, decidimos irnos a otro lugar. El ChicoGomita vive relativamente cerca de LaOficina entonces yo le propuse que nos fuéramos a su casa. Yo ya había estado un par de veces allí y pues la idea no era en plan romántico. Puro plan relajo…

Una vez llegamos a su casa, subimos a su cuarto y nos sentamos en el balcón que había. Fue divertido porque comimos papitas y hablamos más bobadas. Después nos dio mucho frío y algo de sueño y entramos al cuarto y nos acostamos en su cama.

Hasta el momento no había pasado nada. Ni un pico, ni un abrazo, nada. Y para resumir, les cuento que lo máximo que llegó a hacer en toda la noche fue acostarse super cerquita de mí, casi boca con boca sin animarse si quiera a abrazarme.

Pensarán entonces que yo por qué no hice nada. Claro, habla de postmodernidad pero se le arrugan cuando tiene al man de frente. Pero pues, qué hago, estoy acostumbrada a dar un paso pero no todo el paso. Yo ayudo (que más que haberme metido en la cama del tipo?) pero tampoco que se pasen de conchudos. Además, el tipo no hizo nada no porque no se diera cuenta.. bobito sí no era.

Resulta que no pude pegar un ojo en toda la noche y tampoco lo dejé dormir, diciéndole toda la madrugada: “no te durmás, no te durmás”… Tipo nueve de la mañana nos levantamos y me dijo que si me quería bañar, le dije que fresco que igual yo vivía relativamente cerca y que yo me podía bañar en mi casa. Sin embargo él si se bañó. Y claro! Es que este tipo de cosas solo me pasan a mí:

Salió del baño con los jeans, dejando ver un poco de los boxers (lo cual me parece lo más sexy del mundo) y sin camisa! Yo me quería morir. Es que este hombre estaba MásBuenoQueUnCostaladoDeGomitas!!! Y tiene el descaro de pasarse por el frente así, de esa manera y yo ahí como una Gu/$%&/ viéndolo! Noooo, no hay derecho ole!

Después de semejante cosa, bajamos y desayunamos y finalmente me acompañó a que yo cogiera el bus. Eran las 10 y media de la mañana cuando llegué a mi casa y en el celular había 20 llamadas perdidas de mi casa. En mi casa se iba a formar la tercera Guerra Mundial.

Después de semejante noche (era la primera vez que dormía en la casa de un tipo y que desayunábamos juntos y resultó así…), me di cuenta que definitivamente el tipo nada de nada y con eso desistí. No les voy a negar que tenía el orgullo un poco herido. Yo no soy fea pues y jamás en la vida me había pasado una cosa semejante, así que siempre dolía. Y para quienes vayan a decir que fue que me le regalé de una, que las niñas se tienen que dejar enamorar, bla bla bla, pues les comento que yo nunca fui a su casa en plan de acostarme con él…

Lo que me pareció super raro que siendo él un hombre y yo una mujer, pues no hubiera aprovechado que me tenía en su casa, en su cuarto y en su cama para al menos darme un beso. Si lo hizo por caballerosidad, pues qué bien y en eso me le quito el sombrero, pero hay caballeros a estas alturas del paseo?

Hasta ahí la historia no tiene nada de raro. Pues bien, aquí sí que viene lo interesante:

NoSéCuántoTiempoDespués, estando nuevamente en LaOficina con unas amigas y unos conocidos, nos pusimos a conversar. Y ya saben cómo son estas cuestiones de la (mala?) comunicación: una cosa lleva a la otra, un tema conduce a otro y surgió algo que me dio pie para contar la historia (ya saben que mi vida privada es pública).

Desde un principio yo me cubrí en salud y no dije su nombre, ya saben, como este mundo en un pañuelo uno nunca sabe… Si mucho contaba dos cositas que eran características del chico, pero pues, en este mundo hay mucha gente… y yo no podía ser tan demalas pues!!! Así que entre los que me estaban escuchando mi aventura empezaron a surgir comentarios del tipo: “ese man es gay”, “es que en serio, te tenía en la cama y ni un pico?”, “Está loco”, entre otros.. y yo tratando de salvarle la reputación al chico diciendo que no.. que seguramente es que yo no le gustaba y ya. Y otros me decían: “Parce pero vos sos la primera que se queja. Pues todas las niñas se quejan de que uno es un aprovechado, pero vos sos la primera que dice que le hirieron el orgullo solo porque te le metes en la cama y el tipo ni un pico te da”. Recuerdo que ese comentario me dolió por lo verídico que era y bueno.. decidí dejar el tema hasta ahí y me fui con un amigo a comprar cerveza.

Cuando regresé, pues si señores que mi querida amiga Cristina se puso a describir la manera como ElChicoGomita baila y esa manera de bailar es extremadamente particular. Cual fue la reacción de los chicos que estaban ahí cuando vieron a Cristi bailar? Todos soltaron una carcajada, algunos se miraron y finalmente entre risas gritaron el nombre del man y mi cara de obviedad me delató con la audiencia que no paraba de reir.

Señores, la audiencia, mis conocidos, esos que habían estado por unos, no pocos, minutos escuchándome hablar eran nada más ni nada menos que sus mejores amigos!

Una semana después, o habrán sido dos? No recuerdo bien, me encontré con ElChicoGomita en LaOficina y créanme que no fui capaz de saludarlo. Sus amigos me veían en la lejanía y se reían y en esa misma semana sonó mi celular y era él.

Me llamó a preguntarme entre risas nerviosas y de “TeVoyAMatar” que yo qué había dicho, que los amigos no hacían sino burlarse, que le había dejado la imagen de macho en el piso con ellos y quien sabe con cuánta gente más y que ya todo el mundo pensaba que él era gay.

Yo no sabía donde meterme, me reía con nervios y a la vez no hacía sino pedirle disculpas y explicarle lo sucedido.., Al día siguiente le llevé a la casa unas papitas y unos chocolates a manera de reinvindicación y él muy cortésmente me invitó a comer y al Pub. Bailamos y pasamos super bueno… Todo un caballero.. porque si yo hubiera sido él, no me habría vuelto a hablar…

Aunque ya son pocas las veces que me veo con él, hace un mes que salí a La Octava con mi chico en cuestión me lo encontré y me dijo lo siguiente:

“si esa noche no pasó nada no fue porque yo no quise….”

Y así me dejó por un mes hasta hace un par de días que yo, con mi prudencia que es casi nula, le pregunté delante de todos mis amigos (que lo conocen) que por qué no pasó nada ese día..

ElChicoGomita me respondió entre risas y alejándome de todos:

“Vos si no sos prudente pero ni cinco y lo peor es que es innato, no es que querás serlo sino que lo sos sin darte cuenta…”***

Bueno y como ya abusé mucho del blog de Maria(), les finalizo volviendo al punto clave de la historia.

Recuerdan a Melisa? Pues ella nunca le paró bolas a Ortega y él se quedó unas semanas mal…. En septiembre, creo, el día del concierto de Cerati, me encontré con ella, ElChicoGomita y con otros amigos; con ellos nos fuimos para el Deck. Allí, después de tener a Cerati a menos de dos metros y bailando, pude ver entre la gente, a Melisa y al ChicoGomita dándose un beso. Hoy en día son novios y al parecer son felices.

En serio.. Esto sólo me pasa a mi!

*: El algo son las onces en Medellín
**: La discoteca donde vamos todos los que gustamos del Rock
***: Aún espero la respuesta porque no me dijo esa noche y ya no creo que me diga nada.

Maria() opina: se nos iba extendiendo la niña, se sentó en la palabra jaja. Excelente el apunte de “estaba más bueno que un costalado de gomitas”, habrá que conocerlo para confirmar ;)

Matilda califica: tres filetes y medio.

Bueno, la segunda historia de hoy es obra del señor Webargas, padre de El Tumbo, la BlogJuan, Manteco TV y quién sabe cuántos otros hijos pródigos, a los anónimos de la semana pasada se les invita a criticarlo con todas sus ganas jajaja.

DE MUJERES Y RECHAZOS (QUE NO SIEMPRE SON LO MISMO)

UNO.

Contaba yo con la inocente edad de 9 años cuando mis padres, al ver que poco me interesaba yo por lo que me rodeaba, decidieron enviarme con una sicóloga la cual trató, sin lograrlo, de estabilizar mi salud mental. Sin embargo, y sin saberlo, me inició en esa característica manía mia de fijarme en la mujer inadecuada. Luego de varios improductivos meses, la sicóloga dió por terminada mi condición asocial y orgullosa me entregó a unos ansiosos padres que, luego de la sesión, decidieron que me pondrían a prueba. llegando a la casa, mi padre me dió el suficiente dinero como para comprarle un dulce a cada miembro de la familia, labor que no representa mayor peligro para el ciudadano promedio pero que, dada mi condición misantrópica, se convertía en un reto.

Así que recibí el dinero y confiado me acerqué a la vitrina, llenando mis infantiles pulmones de aire para expulsar un levemente tímido "buenas". Habitualmente espera uno ser atendido por una desbaratable anciana o un reservado señor, pero quizo la mala suerte que se apareciera ante mi la niña más hermosa que había visto en mi corta vida. Se que el recuerdo tiende a exagerar las circunstancias, y que lo que tal vez yo considerase belleza no era más que una correcta disposición de las facciones, pero el efecto es que desde tan corta edad me enteré lo que una mujer puede hacerle a un desprevenido. No obstante, me las arreglé para realizar la transacción lo mejor que pude, y ni siquiera olvidé las vueltas. Así que, orgulloso, salí al encuentro con mi familia, y con la frente en alto le entregué al autor de mis días el dinero restante de la compra mientras éste, estupefacto y avergonzado, me preguntaba. ¡¿Y los dulces?!

Huelga decir que no hubo en mi cuerpo una gota de sangre que dejara de subir a mi rostro mientras me devolvía hacia la pequeña tendera, quien dulcemente (cosa que aumentó mi bochorno) sostenía en su pequeña y aparentemente suave mano los preciados dulces que había olvidado.

DOS.

Continunado con mi situación asocial pero diez años después, encontrábame yo en una clase electiva en la Universidad que prometía dos paseos semestrales. El original nombre de "Clase de paisajismo" impidió que ninguno de mis cofrades me acompañara en la inscripción, por lo cual mi única compañía en el viaje a Villa de Leyva fue un poderoso guayabo, situación que, cosa extraña, me hace mejor persona, por cuanto el sueño me impide realizar malas acciones. En tal benevolente estado no tardé en trabar amistad con mi compañera de puesto y, al llegar al hotel que estaba reservado para todo el curso, inocentemente pensé que compartiríamos algo más que la conversación. Una compañera no tardó en desbaratar mi teoría cuando se llevó a mi prospecto en ese momento. El dueño del hotel nos pidió grupos de dos o tres personas, cosa que los demás no tardaron en hacer, dejándome solo ante la burlona mirada del chofer que sólo esperaba que todos se acomodaran para poder irse a dormir a pìerna suelta en el bus. Y allí estaba yo, un Kevin Arnold colombiano en un mal capítulo, viendo como todos los malditos se encerraban en sus cuartos, pensando que tan fría sería la plaza de Villa de Leyva a las tres de la mañana (la respuesta: no mucho con aguardiente local en las venas). Pero, en un momento, un rayo de esperanza apareció. El representante de un grupo de tres compañeros que no se veían tan malas personas salió a nuestro encuentro. - Nosotros somos sólo tres - explicó de manera jovial el mucharejo - y nuestro cuarto es para cuatro.

Puede venir con nosotros, señor chofer.

El conductor sonrió cual chiquillo y siguió a los compañeros saltando alegremente en un pie a medida que entraban al cuarto. Malditos.

Maria() opina: me gustó más la segunda historia, aunque la primera no se queda atrás, gracias a ella podemos darnos cuenta de que tu condición de amargado viene desde la infancia jeje, en cuando a lo de Villa de Leyva, muy demalas, esto sólo te pasa a vos. Y el “quizo” con Z me sorprende viniendo de vos.

Matilda califica: cuatro filetes y medio.

________________
Saludos a todos ¡y que se los coma el cerdo! ahhh la Tele, buen programa ese, buenos tiempos...

Etiquetas:

 
Y esto sólo le pasó a Maria() a las 12:50 p. m. | 10 Infelices comentarios
miércoles, 4 de julio de 2007
Cocinando con mi hermano
Bueno, cocinar, cocinar, así que uno diga: ¡qué bruto!, cómo cocina este par, pues no. De hecho todo lo que teníamos que hacer era calentar la comida y servir, responsabilidad que adquirimos porque doña Patricia se fue de enfermera a cuidar a mi abuelita, y nos ha sabido dejar encargados a mi hermano, mejor conocido en el bajo mundo como “el Ternero”, y a mí.

Tan linda mi amá, maletica en mano me dio las instrucciones necesarias y me nombró oficialmente “la mujer de la casa” por una noche, Señor de los Milagros: perdónala porque no sabía lo que hacía.

El menú era lo más simple posible, café en leche y pan para la dama (osease para mí), y arroz con lentejas, café en leche y pan para los caballeros. Lo primero fue poner a calentar la leche, labor que dio como resultado por lo menos media taza de leche en el lavaplatos gracias a mi falta de motricidad para la movilización de fluidos de la olla a la taza y de la taza a la otra olla.

-Ternerito, traeme dos platos y el coso del arroz que está en la nevera.
-¿éste?
-Aja, ¿dónde están las lentejas que mandó mi mamá?
-Velas, pero hay que descongelarlas en el microondas.
-Ah carajo, ¿vienen congeladas?
-Noooo pendeja, las voy a descongelar por gusto.

Después de la infaltable pregunta idiota de mi parte, descubrimos que el micro no tenía botoncito mágico para descongelar, lo cual obligó a mi hermano a ir en busca del manual, acto seguido oprimió unos cuantos botones y el aparato se echó a andar, al término de un minuto empezó a emitir unos ruidos extraños y por un momento crei que iba a explotar, finalmente obtuvimos unas lentejas a medio descongelar por lo que tuvimos que repetir el proceso.

Mientras el Ternero alistaba la mesa con mantel y cubiertos, yo servía arrocito con lentejas en cantidades abundantes, cosa que no se fueran a quejar de la falta que hace doña Patricia en este hogar. Mi hermanito y yo, no tengo ni idea porqué, terminamos cantando el sanjuanero y hablando de los temas más surreales esperando a que el buen microondas calentara los platos.

Con todo esto yo me había olvidado de la leche que dejamos en la estufa, y por poquito se evapora ole, llené las tres tazas con la leche hirviendo y por supuesto el platón de Matilda, aunque creo que no la consumió inmediatamente porque minutos antes la vimos entrar con un platillo que llevó directamente al segundo piso, seguramente para enseñarle a sus hijos las bondades de la carne de ratón, y adivinen quién terminó trepada en el mesón de la cocina… esto sólo me pasa a mí.

Los cinco minutos que le lleva a mi madre servir la comida se nos convirtieron en casi media hora, el lavaplatos se vio invadido por una cantidad inexplicable de ollas y platos sucios, pero al final lo logramos, técnicamente nuestra labor era administrar las temperaturas de los alimentos, el resultado fue el siguiente:

* El café en leche estaba como pa’ quemarse el hocico.
* El agua estaba a temperatura ártica porque se me olvidó sacarla temprano del congelador.
* El pan estaba tibio.
* Y las lentejitas estaban a una temperatura que mi padre describió como “a calor de madre ausente”. Lo que me recuerda:

Doña Patricia: la próxima vez te demandamos por abandono del hogar.

Ternerito: a lo bien, no parece que viviéramos solos.
Don Rodrigo: gracias por dejarnos lavando los platos, no colabore tanto ole.

Etiquetas: ,

 
Y esto sólo le pasó a Maria() a las 12:05 p. m. | 15 Infelices comentarios